Navarro, Ricky y el sueño de París
El Barcelona estará en la Final Four y buscará revancha tras su derrota de semifinales en 2009. El equipo de Xavi Pascual volvió a ser mejor en la conquista definitiva de Vistalegre. A Navarro, otra vez genial, se unió por fin Ricky, hasta ahora perdido en la serie. Para el Real Madrid queda un buen inicio, otro ejercicio agotador de resistencia y un épico trance épico de Llull. Insuficiente para combatir la realidad: el Barcelona es, hoy por hoy, más.


Terminan los cuartos de final para este Real Madrid masoquista que sólo ha vivido cómodo (relativamente) cuando ha tenido todo en contra y sólo se ha sentido fuerte en sus argumentos cuando ha tenido que remar a contracorriente. Y esto vale para la serie en conjunto y para cualquiera de los partidos, incluso el segundo. Y por eso, y porque la realidad es tozuda, se va por la gatera de cuartos por segundo año consecutivo y cediendo Vistalegre por segundo año consecutivo. Un partido letal ante Olympiacos en 2009, dos, los dos jugados, ante el Barcelona en 2010. Tal vez el techo real del equipo, la última frontera. Más allá cabalga el equipo de Xavi Pascual, que rumia su liberación tras una serie que ha sido una catarsis y que ya avista París. Estará, puntual, a la hora adecuada en el momento adecuado para cumplir el destino de este equipo desde su génesis: el asalta al trono de rey de Europa.
Para el Real Madrid quedan los despojos de la batalla, orgullo y cuerpo magullados, la épica insuficiente, la sensación de estar, a la hora de la verdad, siempre y como mínimo un paso por detrás. Y lo peor es que el sentimiento de inferioridad puede haber anidado de nuevo en su espalda después de entregar sin condiciones Vistalegre una semana después de robar el fuego sagrado del Palau. Marchó cuando tuvo al Barça enredado en su tela de araña pero se diluyó en la batalla a campo abierto, en el intercambio de golpes. Ansiedad, un físico inferior, una rotación menos numerosa y menos redonda y, a la hora de la verdad, menos estrellas de primera fila. Entre los bastidores del milagro, nada. Y el Barça, mientras, del sufrimiento al paraíso. Con balance en partidos oficiales 2009/10 contra el Real Madrid en 6-1. Tres títulos les han cruzado (Supercopa, Copa, Euroliga), tres títulos en los que ha descarrilado el Real Madrid. Queda la ACB.
Después de tres batallas y de análisis minuciosos hasta la nausea, no se podrá culpar a Messina de no mover pieza, de no luchar contra un camino manso al matadero. El italiano no se limitó a lanzar los mismo dados de otros partidos (pérdidas, ritmo, rebote, Navarro, tiro exterior, Tomic...) y ver a quién sonreían. Esta vez la carga de personales y un trabajo defensivo terrible del Barcelona sellaron a Tomic (21/28 en los dos últimos partidos, 4/8 hoy). El italiano tenía plan B que no pasaba una vez más por los lituanos: Kaukenas no jugó y Lavrinovic lo hizo por obligación y como un pez fuera de la pecera (-2 de valoración). Si diseñó Messina recuperación para Bullock y redención de Velickovic, lanzado al puesto de alero para crear desequilibrios que funcionaron en el segundo cuarto. Hansen fue titular junto a Llull para turnarse en un trabajo de desgaste eterno sobre Navarro. Pero el plan, pese a tantas atenciones, no tenía coraza antibombas. Quizá porque cuando Navarro entra en trance hay poco margen de respuesta. Y este se estrecha hasta el imposible cuando a la 'Bomba' se suma, por fin, Ricky Rubio.
Ricky dirige, Navarro ejecuta
Cuatro triples, 21 puntos y 24 de valoración en 25 minutos para un Navarro celestial en los minutos importantes. 19 puntos, 5 rebotes, 2 asistencias, 9 faltas recibidas y otros 24 de valoración para Ricky, que por fin se sintió cómodo y por fin manejó el partido y lo llevó al ritmo preferido del Barcelona. Todo sin Prigioni, con dos faltas tempranas. Cuando el argentino recobró presencia en el segundo tiempo, la dinámica ya era imparable. Y si esta vez Lakovic o Ndong no fueron decisivos, sí aparecieron Mickeal y Basile al principio, siempre un Fran Vázquez otra vez superior en lo físico (8 puntos, 7 rebotes, gran trabajo sobre Tomic) y sobre todo la clase de Lorbek, baile de salón cuando estallan granadas en la zona (14 puntos, 6 rebotes). Pascual volvió a sostener el pulso a Messina: Morris de tres para emparejarse con Velickovic. Mickeal a pista con cuatro faltas y siete minutos por jugar justo cuando su homónimo presumía de valor y golpe d efecto poniendo a Llull y sus cuatro faltas en liza...
El Real Madrid, en definitiva, no fue suficiente. Se suicidó lenta pero inexorablemente en un partido en proyección de más de ochenta punto. Así no iba a ganar y así perdió, sin más premio que sostenerse con el aliento en el cogote del Barcelona. Sólo en el arranque de un primer cuarto primoroso de fluidez y anotaciones mandó el Madrid (17-13 gracias a 9 puntos sin fallo de Garbajosa, sus 9 puntos de todo el partido...). El fuego de mortero de Basile dirigió un 0-7 que puso al Barcelona en ruta (17-20) hacia un control de partido que ya no dejó escapar.
A partir de ahí fue azulgrana la partida de ajedrez y la pelea en el barro, el partido de baloncesto y el pulso psicológico. El Barcelona se mantuvo por delante, con errores del Madrid en momentos cruciales, cuando se jugó a intercambiar canastas y cuando se defendió a muerte, cuando se recurrió al físico y cuando se anotó por clase... la rotación del Barcelona selló la herida de la personales mientras al Madrid se le gangrenaba la cuarta de Llull y le desangraba la cuarta de Tomic. Sin ellos se perdía sustento interior y exterior, puntos, intensidad e intimidación. Jaric estuvo frío, Prigioni incómodo y Felipe, titánico (11 puntos, 5 rebotes) sostuvo al equipo al límite de su energía ante una pesadilla de brazos kilómetricos: Ndong, Vázquez, Morris...
El Barcelona no necesitó esta vez ni grandes porcentajes en triples (10/26) ni dominio del rebote (33-25 para el Real Madrid). Le bastó defender, cerrar el aro y agotar a Tomic, dejar que Ricky llevara al rival con la lengua fuera (antológico segundo cuarto) y que el despertador de Navarro sonara cada vez que soñaba Vistalegre. El tercer cuarto vivió uno de esos momentos en los que se decide la ascendencia psicológica sobre un partido: Llull respondió con un triple a otro de Navarro para encontrarse de vuelta con otro imposible del escolta catalán, marca de la casa.
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...Y el Barcelona marcó el ritmo (49-56), y el Real Madrid hizo la goma (62-63), y el Barça marchó y marchó hasta una canasta de Ricky que incluía la cuarta de Tomic, medio partido. El otro medio, otro triple de Navarro (68-75). Y el Madrid, de tocarlo con los dedos a la cuneta. Sentenciado pese a otro de esos extraordinarios trances heroicos de Llull, uno de esos jugadores que te obliga a ganarle una vez, otra, otra... El menorquín anotó seis puntos seguidos y terminó con 20 pero el Barcelona se manejó con frialdad quirúrgica para amarrar el partido, la serie, París.
Antes de la eliminatoria este era un desenlace muy probable. Al salir del Palau el Real Madrid parecía preparado para el golpe de estado, como mínimo para llevar su revolución a un quinto partido de sistemas nerviosos desquiciados. Pero después de estar cerca se ha quedado lejos (3-1) y con la sensación de que sólo tuvo fuerzas para recorrer la mitad del camino. De más a menos hacia las fauces de un rival que realizó un viaje inverso, que se fue encontrando a si mismo desde la ansiedad claustrofóbica hasta una sensación de control completo y superioridad absoluta. Un tránsito emocional representado por Navarro y Ricky, armas definitivas en el silencio final de Vistalegre. Queda París, la gran lucha por el cetro europeo. Así que queda el mundo por conquistar, un sueño por vivir. Para el Real Madrid, las buenas sensaciones del Palau y la aparición descollante de Tomic, un cheque en blanco para el futuro. ¿Suficiente o insuficiente? Esa es la cuestión...



