A París se va por Vistalegre
El Real Madrid demolió anímicamente a un Barcelona irreconocible que se hundió incapaz de encontrar ritmo anotador y arrastrado por el mal partido de Ricky en la dirección y Navarro en el tiro. El equipo de Messina ejecutó una defensa excepcional y supo encontrar soluciones ofensivas (Tomic dominó los aros: 22 puntos) además de conseguir lo que no pudo en el primer partido: despegarse en el tercer cuarto cuando agonizaba el Barça. La ventaja de campo pasa a ser blanca. Si el Real Madrid gana los dos partidos de Vistalegre, estará en la Final Four.


Amenazó el martes y golpeó el jueves, en un partido que no fue un partido. Fue una batalla descarnada, sangrante, de una tensión enfermiza. Terreno sembrado de minas por el Real Madrid justo cuando parecía que, perdida la ocasión del primer partido, podía ser víctima de la aparición del Barcelona más voraz. Pues el Barcelona más voraz sigue sin aparecer por la eliminatoria. Mérito del planteamiento de Messina que dibujó una versión 2.0 del primer partido: casi las mismas virtudes y corrección de defectos como el control de la carga de faltas personales, más profundidad de rotación e instinto cuando el Barça agonizaba. Por eso volvió a ser clave el final del tercer cuarto. Esta vez el Madrid no perdió el órdago y hurgó en la febril racha de fallos de un rival que estuvo casi medio cuarto sin anotar con un parcial de 0-11 hacia el 40-50 que cerraba ese período. Diez puntos de diferencia, un mundo en un partido de anotaciones minúsculas.
El Real Madrid venció además a su penúltimo demonio para dar un golpe bestial en la mesa de la Euroliga. Para hacerlo tuvo que pasar otra vez por un vía crucis en el último cuarto. El Barcelona retorció otra vez la máquina defensiva y el Palau rugió en un 10-2 que evocaba al primer partido (52-54) porque llevaba además la firma de 7 puntos de Pete Mickeal. Sin embargo el Real Madrid resistió esta vez. Entre otras cosas porque el Barcelona vive con el talento completamente apagado y porque esta vez hubo bastiones en ataque en los momentos decisivos: Lavrinovic apareció en ese tramo decisivo y brillaron los dos mejores de todo el partido: Prigioni y Tomic. El base (12 puntos, 4 rebotes, 4 asistencias), volvió a gobernar el tempo de juego y encontrar las mejores opciones. El pívot (22 puntos, 5 rebotes, 4 tapones) dio una exhibición de fundamentos en el poste y fue, con una energía casi desconocida hasta ahora, una pesadilla que el Barcelona no supo frenar.
Si el Real Madrid consiguió robar el fuego sagrado del Palau, donde hacía un año que no ganaba nadie y donde el equipo blanco nunca había ganado en Euroliga, fue porque machacó el sistema anímico del Barcelona. Marcó el tempo del partido y lo volvió opresivo, claustrofóbico. Destrozó otra vez las líneas de pase (7 robos de balón) y torturó a los exteriores del Barça. Y tuvo dureza dentro, peleó el rebote (36-33)y no dejó jugar por encima del aro ni a Fran ni a Ndong. Y el Barça se fue encerrando en su laberinto. Su impotencia es la impotencia de Navarro y su ansiedad es la ansiedad del casi siempre decisivo escolta, que sigue sin meter un triple en toda la serie (esta vez 0/4 para un 1/9 en tiros de campo) y que no tomó ninguna buena decisión en ataque. Tampoco aparecieron Basile(1/7 en triples), Lakovic (1/4) ni un Ricky (ninguna asistencia, ningún robo, valoración negativa) totalmente devorado por la dinámica, veremos si imparable, en la que ha entrado la eliminatoria. El Barcelona lleva un 11/48 en triples en dos partidos. Algunos abiertos, normalmente puntos que martillean la resistencia de los rivales.
El primer golpe de efecto del Real Madrid fue de salida y quizá ahí asentó definitivamente sus reales en la serie. Ante la posibilidad de ver despierta a la bestia azulgrana, llevó el partido a un tempo agónico que dejó al Barcelona atónito: dos canastas en juego en el primer cuarto, 8 puntos (8-15), 5 pérdidas... todo eso en el Palau equivale a la nada. Mérito para un Real Madrid que, esta vez sí, no cedió nunca la iniciativa.
Noticias relacionadas
El Real Madrid se afirmó desde Prigioni, Jaric (19 de valoración con aportación por tierra, mar y aire), Tomic y el trabajo impermeable de bloque. Siempre encontró, con paciencia, opción de tiro. Fue más equilibrado que su rival dentro de un duelo de ataques dolientes. Y en defensa se movió a la perfección siguiendo el repliegue que marcaba el desastre del Barcelona en la línea de tres. Irreconocible, el equipo de Pascual se desangraba en fallos constantes, terrible en el tercer cuarto. Y con el añadido de que la baja de Morris le ha robazo una pieza en la rotación interior, tampoco dominó por dentro. El Real Madrid mandó hasta el descanso (27-32), despegó después y resistió al final la acometida desesperada del Barcelona, que ganó con muy poco el primer partido y quiso hasta el final ganar con casi nada el segundo. Casi nada más allá de la racha de Mickeal y el trabajo de Lorbek y Fran Vázquez.
En los banquillos Messina demostró que tiene ahora una profunda ascendencia sobre Pascual. Manejó mejor las rotaciones e incluso puso en juego a Bullock y Velickovic. Y con gasolina para 40 minutos esta vez ganó el Madrid con justicia más que un partido y más que una batalla. Ahora hay un viaje a París con trasbordo en Vistalegre al que están invitados los blancos. Si ganan sus dos partidos como locales, estarán en la Final Four y consumarán una de las sorpresas más extraordinarias en los últimos tiempos en el baloncesto europeo. Pero, claro, ahora tienen que manejar la presión del que no puede fallar. Hasta ahora han jugado sin nada que perder, con el cuchillo entre los dientes y actitud kamikaze. Así han logrado un tesoro que ahora tienen que conservar ante un Barcelona que pasa a ser el herido, el necesitado de reivindicación, el gigante dormido y obligado a golpear en terreno hostil. Se dice en la NBA que una serie de playoffs empieza realmente cuando un equipo gana fuera de casa. El Real Madrid lo ha hecho y ha abierto la caja de Pandora en esta serie que se juega ya entre humo, chispas y dentelladas de tiburón. Y a partir de ahora se jugará en Vistalegre, última parada con destino París. ¿O no?



