top 16 | maccabi 81 - real madrid 76

Tel Aviv se traga a un Madrid bajo mínimos

Alan Anderson (40 de valoración), excepcional, puso rostro a un merecido triunfo de Maccabi sobre un Real Madrid bajo mínimos con las bajas de Felipe y Bullock. Gershon superó a Messina, que no encontró soluciones para reconducir a un equipo, inferior físicamente y lastrado por un desaparecido tiro exterior, que perdonó la ocasión de poner rumbo a cuartos con su segunda victoria. Ahora queda con 1-1, como todos los integrantes de un grupo absolutamente abierto.

Juanma Rubio
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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Ganarse los cuartos, literalmente, en el Top 16 es tarea seria que no permite borrones como el que dejó el Madrid, mal escribano en Tel Aviv. Puede que el legendario pabellón de La Mano de Elías se llame ahora Nokia Arena y puede que Maccabi ya no sea el rival terrible de antaño. De hecho atraviesa por serios problemas económicos y se recompone tras perder a Eliyahu o Casspi. Pero es, claro, un buen equipo de baloncesto. Con un buen entrenador, un público fiel y caliente y un puñado de buenos jugadores. Suficiente para castigar las miserias de este Real Madrid lastrado por las bajas que perdió la opción de poner rumbo a cuartos con un hipotético 2-0. Al final, cuatro equipos con 1-1 y salsa a toneladas para el grupo de la muerte. Lo siguiente para el equipo de Messina es el doble partido ante Montepaschi. Huelga decir que son más que dos finales, sobre todo el partido de Vistalegre.

Venía torcido el partido para el Real Madrid y torcido se desarrolló. Conocida la baja de Felipe se unió la de Bullock, que con una luxación en un dedo lo intentó apenas tres minutos y se sentó sin tirar a canasta. Ni un minuto de Vidal, apenas uno de Hansen, Dasic fuera de sintonía... limitada la rotación y limitados los recursos para visitar a un equipo muy bien dirigido por un clásico de este deporte: Pini Gershon, esta vez mucho mejor que Messina. Maccabi jugó con la lección perfectamente aprendida, llevó el partido a su terreno, explotó mejor sus recursos y ganó con justicia y con un partido para enmarcar de Alan Anderson. Avisó Messina del peligro del alero y este le firmó un autógrafo: 40 de valoración, 20 puntos, porcentajes de lujo, 8 rebotes, 4 robos de balón, 5 asistencias, 11 faltas recibidas y hasta un tapón.

¿Y el Madrid? De más a menos hasta desaparecer, con una alarmante inferioridad física, con menos intensidad y sin ningún recurso. Le abandonó el tiro exterior (5/24 en triples), le fallaron los sistemas, se apocó ante el trabajo de intimidación de Maccabi (7 tapones, 3 de Lasme y 3 de Fischer), se enrocó por donde no había salida (4/18 en triples entre Jaric, Llull y Prigioni...) y en defensa fue menos eficiente de lo habitual. Maccabi controló el tempo y encontró opciones, por músculo en la zona, por la polivalencia de Eidson y por la dirección de Doron Perkins (8 asistencias), que encontró siempre la mejor opción a partir de dividir la zona y doblar pases.

Cuando el Madrid tuvo intenciones y sistema, se encontró con respuestas de un Maccabi que anuló con presión la circulación blanca y con piernas el extra pass habitual de Messina. Lavrinovic se cargó de faltas y sólo apareció en el último intento, tibio ya en el cuarto final, al que el Madrid llegó vivo por un trabajo hercúleo de Kaukenas, que anotó 11 puntos en el tercer cuarto e impidió que los hachazos macabeos (64-52) no se convirtieran en despegues definitivos. Pero el Madrid nunca tuvo sintonía, nunca pareció capaz de voltear el partido ni por calidad ni por intensidad. A las bajas se sumó el mal partido de Prigioni, de Jaric, de un Llull errático en ataque y desconocido en defensa, y hasta de un Velickovic que empezó caliente (7 de valoración en el primer cuarto) y terminó apocado tras recibir tres tapones en sendos movimientos al poste. Con las tres faltas de Lavrinovic y la baja de Felipe, hubo más de 13 minutos para Ante Tomic, que dejó 6 puntos, 4 rebotes, un par de los buenos movimientos técnicos que se le conocen y un puñado de acciones en las que demostró que está verde: cometió 4 faltas muy rápido y, algo blando, sacó poco provecho en las dos zonas de su superioridad de centímetros.

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Curiosamente, el Madrid invirtió su tendencia habitual y fue esta vez de más a menos tras empezar embalado (2-8), circulando, defendiendo y penetrando. La reacción de Maccabi llegó de la mano de Eidson y Fischer y a partir de la igualdad (18-18 al término del primer cuarto) todo fue cuesta abajo para los de Gershon. Lasme y Bluthenthal contribuyeron al estirón del segundo cuarto (41-34), a la postre definitivo antes de que entrara en ebullición Anderson, que empezó reboteando y acabó haciendo absolutamente todo.

El caso es que perdió el Madrid y voló el 2-0, que hubiera sido un golpe de mano diáfano tras la derrota de Montepaschi en Turquía. Ahora el grupo se abre de par en par, como un melón. El Real Madrid tiene todavía todo en su mano, igual que sus tres rivales. Las verdaderas diferencias las debe empezar a marcar a partir del próximo partido, ante Montepaschi en Siena. Ahí sí que, de verdad, ganar es imperativo absoluto.

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