La excelencia tendrá que esperar
El Real Madrid cumplió: Ganó al colista de su grupo y dependerá de sí mismo en la última jornada para ser líder. Pero dejó una imagen pésima en un partido lleno de imprecisiones y jugado con una falta de tensión más propia de un amistoso. Lavrinovic fue el mejor porque fue el más serio y regular, si bien el despegue llegó en el tercer cuarto con los triples de Bullock. Jaric, otra vez sólido.


La primera fase de la Euroliga tiene estas cosas. Confabulan el sistema de competición, el calendario y el bajo nivel de un buen puñado de equipos y el resultado son partidos como este Real Madrid - Oldenburg, de esos que deberían incluir advertencia: cualquier parecido con un partido de alta competición europea es pura coincidencia. Un horror, un bodrio con respecto al que sólo cabe esperar que a los niños les hayan gustado tanto sus juguetes que no se hayan sentado delante de la tele para presenciarlo.
El Real Madrid participó en esta vacuna contra el amor al baloncesto, carbón en el zapato de la Euroliga, y de hecho se puede afirmar que fue el principal responasable. Su nivel fue en muchas fases lastimoso. Respondió a una grada fría con un partido frío, jugado bajo la ley del mínimo esfuerzo y con la certeza del triunfo, sin voluntad de adornarse o de alegrar la vista a sus aficionados. Mal hecho porque viene de una zozobra de derrotas y mala imagen que demanda tardes terapéuticas y el EWE Baskets Oldemburg era el rival perfecto, una medicina y casi un balneario: suma una victoria en una Euroliga por la que pasa de puntillas con malos números en ataque y defensa, malos porcentajes desde todos los sitios, línea de tiros libres incluida.
Pues contra ese equipo, el mismo al que ganó 61-104 en la ida, el Real Madrid perdía 13-20 durante el primer cuarto y apenas gobernaba por 45-44 bien avanzado el tercero. Por no haber, no hubo ni emoción ya que la victoria era innegociable, algo que de un modo u otro sucedería. Y sucedió del más feo aunque el equipo de Messina rondó los 20 puntos de ventaja en el último cuarto, finalmente también estropeado (parcial final de 15-13) sin más mérito que un poco de trabajo defensivo y la optimización de las concesiones de un rival desangrado por la falta de fe y de efectivos, cargado de personales (24) porque no tuvo otra baza para hacer algo parecido a defender y para luchar en la medida de lo posible por el rebote, asunto complicado si su 'siete pies', Boumtje, comete tres faltas en los primeros siete minutos.
Trabajo de Lavrinovic, triples de Bullock
A ese limitado Oldenburg, del que nada más puede sacar Predrag Krunic, le bastó con contagiar al Real Madrid y llevar el partido a un carrusel de pérdidas (17-20 al final) y ataques alocados para vivir de acciones individuales de Gardner y Paulding primero y del trabajo en la zona de Scekic después. Así subsistió asistido por un Real Madrid que empezó bien (12-5) y sesteó durante un océano de minutos. El primer tiempo fue infumable y el Real Madrid terminó por delante por inercia y gracias al trabajo de Lavrinovic (15 de valoración ya entonces), el más enchufado al partido y uno de los pocos que pareció tomárselo realmente en serio. Él y Jaric, que dejó otra actuación muy completa a la que -otra vez- sólo le faltó el acierto desde la media-larga distancia. El serbio, que dio el susto con un golpe de aspecto feo, terminó con 6 puntos, 8 rebotes, 4 robos y 2 asistencias. Otro buen partido y otro buen puñado de minutos, esta vez más de 25.
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Cualquiera hubiera imaginado un Real Madrid con distinto tono tras el descanso, pero la bronca de Messina (feroz en la banda con Velickovic y Dasic) no surtió efecto alguno. Entre el sopor y la simple curiosidad, el público asistió al intento desesperado de supervivencia de un equipo alemán colgado de Scekic y de los fallos y pérdidas del Real Madrid. Hasta que apareció Bullock. Por entonces el Real Madrid sumaba un nefasto 1/8 en triples. En un puñado de minutos Bullock anotó cuatro sin fallo (15 puntos al final) y abrió la brecha definitiva (58-47). Y de paso equilibró la anotación blanca hasta entonces fiada casi por completo a la zona y a la firmeza de Lavrinovic (16 puntos, 4 rebotes, 4 tapones) y la insistencia de Felipe Reyes, que volvió con máscara y puso más intención que acierto: anotó 7 puntos (5 desde la línea de personal), cogió 5 rebotes y subió el tono defensivo en el último cuarto para acompañar a los tapones de Lavrinovic.
En ese último cuarto se terminó por volver al correcalles y ahí arreglaron sus números jugadores hasta entonces desactivados, caso de Kaukenas. Dasic logró su canastita y se confirmó que no era el día de Prigioni, Vidal o Garbajosa. ¿Velickovic? Algo irregular, con cosas de las dos caras que ha mostrado esta temporada, una óptima y otra (menos habitual) para el olvido. ¿Y Llull? A punto de volver, la mejor noticia para un Real Madrid que ventiló la tarde de Reyes con un triunfo funcionarial, una imagen para el olvido y un nivel de juego muy lejano al que había demandado Messina antes del partido. El primer puesto de grupo, eso sí, está a tiro de victoria en Milán.



