nba | orlando magic 91 - los angeles lakers 99

Una resurrección y más de medio anillo

Tras un primer tiempo pésimo, los Lakers se rehicieron en un fabuloso tercer cuarto y resistieron la última acometida de los Magic para forzar la prórroga con un triple salvador de Fisher. En el tiempo extra, otro triple del base y el trabajo de Gasol en las dos zonas decantó un partido que coloca el 3-1 para unos Lakers que están ya a un solo paso del sueño del anillo.

<strong>HÉROE FISHER.</strong> Derek Fisher puso cara a la remontada de los Lakers, que ya acarician el anillo
Juanma Rubio
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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Dice la tradición de la gran liga que una serie de playoffs no empieza de verdad hasta que un equipo no gana en cancha contraria. En este caso, en esta final, ese triunfo a domicilio suena más a cierre que a comienzo. Los Lakers ganaron (91-99) en el enésimo partido electrizante de estos playoffs para el recuerdo desde la primera ronda, desde aquellas batallas entre Boston y Chicago. Y ganaron en una resolución que tenía que ser para los Lakers por puro hollywoodiense y que contó con una estrella inesperada. En la final de Kobe, de Howard, de Turkoglu, de Gasol, de Pietrus, de los árbitros y de Phil Jackson, la gloria fue para el veterano Derek Fisher.

El base, respetado presidente de la Asociación de Jugadores, no vivía su mejor post temporada hasta llegar a la final. Con sus 34 años y sus piernas cada vez más lentas a cuestas, sufrió como un perro ante Deron Williams en primera ronda, después ante la electricidad de Brooks en segunda y finalmente ante otro veterano, el letal Billups, en la final del Oeste. Pero Fisher, habitante de los Lakers de los tres últimos anillos, héroe con aquel tiro que ya es parte de la leyenda de la liga (en San Antonio y a falta de cuatro décimas), está reivindicando en la final la experiencia que ahora posee y el conocimiento del juego que siempre tuvo. En Los Angeles a base de trabajo sordo pero esencial en las ayudas defensivas. En Orlando y en el cuarto partido, reclamando todos los focos: suyo fue el triple agónico que llevó el partido a la prórroga a falta de 4 segundos y después de que Howard fallara los tiros libres de la sentencia. Suyo fue también el triple que rompió el tiempo extra (91-94). Ahí murió Orlando, desfondado tras soñar por última vez con un triple imposible de Lewis (90-87). Fue su única canasta en juego de la prórroga. Después entre Kobe (32 puntos, 7 rebotes, 8 asistencias), Fisher y Gasol mataron el partido y seguramente la serie.

El español (16 puntos, 10 rebotes) fue de menos a más en un partido que fue una batalla de resistencia física y mental. Devorado por Howard en el primer cuarto, apareció en el segundo cuando naufragaba su equipo y arreciaba la tormenta de los de Florida. Poco a poco equilibró en la medida de lo posible la batalla con Howard hasta llegar a la prórroga, en la que exhibió firmeza defensiva y remató la victoria de su equipo con dos mates, el segundo tras correr la pista con casi 50 minutos en sus piernas y provocando las iras de un Pietrus que, frustrado, golpeó al español por la espalda cuando este ya estaba en el aire y ahora, para colmo de males de su equipo, se puede ver abocado a una sanción que le deje en la grada en el quinto partido, quizá el de la sentencia.

Orlando deja vivos a los Lakers

El Amway Arena deberá cambiar ahora el clásico "Beat L.A." (machacad a Los Angeles) por el "Not in our home": no en nuestra casa. Su objetivo es alargar la final hasta el 3-2 y volver a L.A., donde les esperaría la quimera de ganar dos partidos en el cubil de Jack Nicholson, con una diferente distribución de unos criterios arbitrales que al calor del público de Orlando estuvo a punto de costar muy caro a los Lakers, mermados en el primer cuarto por la carga de personales de sus hombres interiores (Pau, Odom, Bynum), limitados en la lucha física final ante unos Magic que se resguardaron mejor pero que acabaron perdiendo la magia. Ya han gastado incluso el comodín de Gina Marie Incandela, la niña de 7 años que, hasta hoy, garantizaba la victoria de los Magic cuando interpretaba el himno de Estados Unidos antes del partido. Hasta hoy...

Orlando perdió por su falta de frialdad en los momentos clave. Los fallos en los tiros libres de Turkoglu (tres casi seguidos) y Howard (6/14 para estropear su evidente progreso de los playoffs en esta faceta) permitieron el triple de Fisher y la guerra de nervios de la prórroga, gobernada otra vez por los Lakers, como en el segundo partido. Ahí sellaron una derrota que empezaron a rumiar cuando no supieron matar a los Lakers. El primer tiempo de los angelinos fue un horror. El páramo; la nada. Ni juego ni actitud, la conocida debilidad estructural de plantilla llevada a su quintaesencia. Predispuestos a desquiciarse con el arbitraje y desquiciados de hecho demasiado pronto. No supieron leer el partido, nadie excepto Kobe Bryant, que convirtió la nada en casi nada. Kobe, al que tantos y tantos se amontonan para apalear cuando se muestra obtuso o fallón (véase tercer partido) jugó con temple y agresividad, leyendo el rasero arbitral en defensa y, en ataque, sacando faltas de la nada y anotando suspensiones imposibles porque el cortocircuito ofensivo de su equipo no le dejaba otra opción (13 de los 20 puntos de Lakers en el primer cuarto, 16 al descanso).

Por lo demás, el mejor equipo a domicilio de la Regular Session era una sombra que entraba a todos los trapos que tendía Van Gundy. Ariza y Fisher, muy fallones, capitalizaban los tiros. Gasol chocaba con un Howard súper vitaminado que añadía al músculo una lectura mucho mejor del juego ante el español. Como su equipo, Superman mostraba síntomas de progreso, de adaptación a la serie. Las faltas y las circunstancias obligaron a Phil Jackson a un volumen y una estructura nada habitual de rotaciones. Por ahí pasaron Walton, Vujacic, Farmar, Mbenga, Powell, Brown... nada. Nadie. Hasta Odom contribuyó a un circo de los horrores que malvivió de las pérdidas de Orlando. Con 14/42 en tiros de campo y 1/10 en triples sólo sus 2 pérdidas por las 9 del rival permitieron a los Lakers llegar al descanso vivos. 49-37. Con el gancho, transmitiendo sensaciones de impotencia, pero vivos porque el marcador pudo ser determinante. Los Lakers ni siquiera eran ese equipo querido de sí mismo que racanea y se abandona para suplicio de sus seguidores en tantos partidos. Esta vez había, sobre todo, mucho no poder y no tanto no querer.

En el descanso, Orlando parecía a punto de tomar definitivamente el mando, de invertir los papeles y encauzar la final hacia una mini serie de 3 partidos con mucho ganado en lo anímico. Desde su presentación de novato temeroso en el primer partido había crecido hasta mostrarse como un bloque con más recursos y la calidad mejor distribuida. Prácticamente todos aportaban en su rol (Gortat, Battie) o en otros que no pasan por ser sus mejores armas, caso de Redick, que defendió a Kobe sin cataclismos y circuló con inteligencia en ataque. Así los Magic mandaban tras dos cuartos sin necesidad de su reconocida capacidad de bombardeo exterior (3/11 en triples) y sin ningún tipo de dependencia de Howard (4 tiros, 6 puntos) o incluso Lewis (3 tiros, 3 puntos). Alston (9 puntos) seguía dejando destellos de su magia de playground, recuperada en cuanto Van Gundy le devolvió la confianza, y Turkoglu daba lecciones de baloncesto de salón: pura calidad, inteligencia, lectura de juego y 15 casi inmaculados puntos al descanso.

Y Howard, claro. Sin ser determinante en ataque más allá de un par de ganchos prácticamente consecutivos, sin mates alucinantes ni alley-oops en las nubes, era el dueño del partido con un trabajo inconmensurable en defensa. Cerró su aro, se protegió de las faltas y dominó el rebote. En dos cuartos sumaba 5 tapones y la estadística de rebotes reflejaba un 14-14. ¿Entre Orlando y Lakers? No, entre todos los Lakers y Dwight Howard...

El arte de sobrevivir

Tras el descanso el guión se transformó y se escribió una nueva historia que fue, sobre todo, un canto al arte de la supervivencia. Los Lakers cambiaron radicalmente de actitud y dieron a los Magic una lección que estos seguramente no olvidarán en el futuro: mata a tu rival cuando tengas ocasión. Doce puntos se antojaban cortos a la vista de los acontecimientos del primer tiempo y cortos fueron. Muy cortos en cuanto surgieron como de la nada (o de la mística zen de Phil Jackson de puertas del vestuario para adentro) los mejores Lakers, con un parcial imperial (14-30) en el tercer cuarto.

Ariza, ex de los Magic al que Van Gundy no encontró acomodó en su día, dirigió el cambio de turno en el partido a base de robos, mates, triples y penetraciones, y una actitud recuperada que desquició a Turkoglu, que con cuatro faltas pasó demasiados minutos en el banquillo y propició con su ausencia la zozobra de su equipo, sin referente ni cerebro y abocado a un carrusel de dudas, pérdidas y malos ataques orquestado por un Jameer Nelson fuera de forma. Alston ya no tuvo protagonismo, al igual que Lewis (sólo 6 puntos y 2/10 en tiros), y Howard restó con pérdidas (7 en total) y frustración por su recortado rol ofensivo lo que había sumado con un partido monstruoso en defensa. Terminó con 16 puntos, 21 rebotes y 9 tapones.

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El último cuarto fue excepcional. Pietrus (15 puntos y actitud volcánica sobre Kobe) lideró la resistencia de Orlando, que volvió a tomar el mando (de 70-75 a 76-75). La guerra de nervios se desató: Kobe enlazó canastas enormes con fallos que amenazaron con ser cruciales; Turkoglu chispazos de genialidad con los tiros libres malditos. Howard taponó en un lado de la cancha y logró a continuación un 2+1 en la otra y ahí, con 82-79, se desencadenó la traca final: triple de Ariza sobre la bocina de posesión al que respondió Turkoglu con 5 puntos seguidos. 87-82 y menos de dos minutos por jugar. El Amway Arena era una caldera de pasión que parecía a punto de devorar a los Lakers hasta que los Magic descubrieron que muchas veces el suelo desaparece cuando estás a un solo paso de tu sueño. Que pregunten a Kobe y compañía por la final de 2008...

El resto es historia ya contada: los fallos de Howard en los tiros libres, el triple milagrosa de Fisher y la prórroga del 3-1, en la que Gasol logró su punto 1.000 en playoffs. Ahora está a un paso de su primer anillo. Phil Jackson del décimo. Y Kobe del cuarto, al igual que Derek Fisher, el héroe educado, el asesino silencioso que mató un partido maravilloso por emoción, por alternativas, por acciones estratosféricas y fallos incomprensibles; playoffs en estado puro y una verdad inamovible: los Lakers están a un solo triunfo del título de campeones de la NBA.

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