ACB | Estudiantes 66 - Gran Canaria 88

Palos para el Estu en su retorno al Madrid Arena

Paliza del Granca e intervención policial detrás de una grada

<b>LA DEMENCIA DEJÓ VACÍOS SUS SITIOS</b> Sanders lanza en la segunda parte con la grada de la Demencia vacía, que se marchó en protesta por la carga policial en un pasillo del pabellón. Algún seguidor resultó contusionado y Asensio, director general del Estu, dijo más tarde: “Estoy sorprendido. La Demencia anima sin violencia y no pasó nada para que tuviera que intervenir la Policía, que  expulsó a un aficionado”
Ricardo González
Diario AS
Licenciado en Periodismo en 1997 y desde ese año redactor de Diario AS. Se apasionó del baloncesto europeo mucho antes, cuando era un niño en los 80, y en la actualidad es cronista del Real Madrid, del que ha cubierto más de mil partidos entre la ACB y la Euroliga. Estuvo en Japón 2006, en el primer Mundial que ganó España.
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Seis meses después y un juicio y un torneo de tenis de más, el MMT Estudiantes volvía a casa, al Madrid Arena, pero como aún falta para la Navidad no hubo bienvenida entrañable. Todo salió mal en lo que se había planeado como un bonito reencuentro. Mal porque en la cancha el Kalise Gran Canaria le pegó una paliza a los colegiales. Y mal porque en la grada fueron algunos hinchas los que cobraron a manos de la Policía Nacional. La autoridad soltó varios porrazos a la afición local por no moverse de uno de los pasillos que hay detrás de las gradas durante el segundo cuarto. Del todo innecesario. La Demencia protestó a su manera dejando vacíos los asientos. Para entonces los del Ramiro habían tirado el encuentro en la pista. O casi.

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El Granca se destapa como un equipazo. Tiene de todo y por duplicado, en especial altos de calidad, algo poco común en las plantillas de presupuesto medio. Entre Augustine, Kickert­ y Freeland -los tres miden 2,08- anotaron 37 puntos con un bestial 76% en tiros de dos. Su efectividad desmontó al Estu en el segundo cuarto, en el que Casimiro se quejó de que los suyos no defendieron un pimiento. Al descanso la renta se elevaba como un ocho mil ina­bordable para los locales. En mal momento debutó Rancik.

La pasión le sirvió al Estu para robar balones y tirar de la goma: 46-53. La misma que rompieron los triples de Norris y de Kickert, un grande con buena mano. La puerta de la remontada se cerró de golpe mientras Carl English se despedía en plan All-Star. Los seguidores estudiantiles rendían pleitesía al alero rival y guardaban la furia para los suyos, que se marcharon silbados y con algún grito de "fuera, fuera". Descarnado contraste.

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