Entonces y ahora, duelo imposible

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Escribo estas líneas con un ojo en el televisor, en la final de Los Ángeles 84 que ayer volvió a emitir La 2. Cuántos recuerdos, aunque esta vez tiempo pasado no fue mejor. Aquel logro y aquella Selección cambiaron el devenir del baloncesto en España. Más allá la comparación es imposible. Quizá no haya nadie con el carisma y la fortaleza de Fernando Martín, pero un duelo entre ambos equipos carecería de color. La raza evoluciona y la actual Selección es el ejemplo.
Hace dos décadas nos maravillaba observar a Andrés Jiménez, un tipo de 2,04 metros, correr la cancha al contraataque como un alero. Hoy, Pau Gasol puede hacer lo mismo con 2,15. Entonces, caímos ante uno de los mejores conjuntos universitarios de siempre. Hoy, un rival norteamericano sin jugadores NBA podría perder en cuartos de final, o incluso antes, aunque tuviera a un tal Jordan en el inicio de su carrera. Estados Unidos necesita a sus estrellas profesionales, y no a una o dos, sino a las seis o siete mejores (LeBron, Kobe, Carmelo, Wade, Paul, Howard...) para recuperar el oro. Y, además, necesitan conocer al rival y ser solidarios como equipo. Los héroes del 84 plantaron la semilla y ahora recogemos el fruto, aunque nada nos sabrá mejor que aquella vieja medalla.



