Carlos Jiménez

"El baloncesto entra en mi vida en Los Ángeles"

Nacido en Madrid el 10 de febrero de 1976, si uno bucea por Wikipedia le verá apodado como 'Suma y Sigue Jiménez'. No es casual. El capitán de España tiene su habitación repleta de medallas colgadas de la Selección.

Carlos Jiménez.
Juan Jiménez
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
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¿Cómo fue su primera noche como finalista olímpico?

Pues muy corta, porque entre la tensión del partido, la cena y el horario de la final, que nos obliga a levantarnos pronto para entrenarnos, fue cortísima.

Pero inolvidable, de todas formas.

Claro, estas cosas siempre pasan para bien, aunque duermas poco.

Una persona tan comedida como usted le dio un manotazo al balón en el último segundo. Esa final olímpica le sacó todo de dentro.

Son ocasiones únicas. Sería lo primero que se me vino a la cabeza, no sé. Es fruto de la tensión que tuvo el partido.

¿Con qué se quedará cuando pase el tiempo?

Con lo sufrida que fue la victoria, con la fe que tuvimos en lo que podíamos hacer. Esos partidos sólo se sacan en grupo. Porque más que una barrera en el marcador, lo que había era una barrera psicológica. La dinámica que llevaba el partido y las sensaciones que teníamos no eran buenas. La reacción que tuvimos sería inexplicable si no se entendiesen los valores que han hecho grande a este grupo.

Usted casi se deja los huesos en jugadas increíbles. ¿Era el partido de su carrera?

Si no lo haces en estas ocasiones, no lo harás nunca. Nunca puedes decidir cuándo vas a jugar bien un partido.

Tres finales en tres años. Qué suerte haberlo vivido, ¿no?

Para mí es especialmente gratificante. He vivido los comienzos de este grupo y llegar a esto es increíble. Para mí es una enseñanza de la vida, echar la vista atrás y ver que todo el tiempo que has dedicado a esto ha merecido la pena. Es una recompensa absoluta. Me considero un claro ejemplo de que si le pones ilusión a las cosas, se puede conseguir. Porque nunca lo habría pensado cuando empecé.

Es de los pocos que no ha traído familia a Pekín. ¿Con quién habló?

Pues hablé con mi mujer, a mi hijo me lo pusieron porque chapurrea todavía. Y con mis padres. Te vienen a la cabeza los seres más queridos, te sientes correspondido y agradecido por todo lo que han hecho por ti.

¿Recuerda la final del 84?

Tengo algunos recuerdos, sí. Veraneaba en Cullera, madrugamos y vi el partido en un apartamento con un amigo del colegio. Ahí empecé a oír a hablar de este deporte y puede decirse que en Los Ángeles apareció el baloncesto en mi vida. Fue cuando lo empecé a practicar.

¿Qué fue de aquel amigo?

Julio Álvarez, fuimos juntos al colegio. Le perdí la pista, la verdad.

Ahora les íbamos a pedir que fueran campeones olímpicos. ¿Antes habría que valorar la plata?

Hay que ser consecuentes. Las valoraciones siempre hay que hacerlas al final del campeonato, ahora nos merecemos competir con Estados Unidos.

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¿Y hay opciones?

Ellos tienen toda la tensión ahora. Y nosotros tenemos en la final la recompensa de todo el campeonato.

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