Del venerado Sabonis al ogro Gasol

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Alos que crecimos con el baloncesto en la década de los ochenta, Lituania nos produce un respeto reverencial y, a la vez, cierta simpatía. Nos recuerda a Sabonis, también a Marciulonis y Kurtinaitis, al gran Zalgiris, a sus duelos europeos contra el Madrid y el Barça. Aquellos que al jugarse a primera hora de la tarde pedía que me grabaran con un magnetofón colocado junto al televisor (en casa no había llegado el vídeo) para escuchar el sonido de la retransmisión a la salida del colegio. Otros tiempos.
En los de ahora, Gasol hace de Sabonis, el ogro en el parqué es España y confío en que despertemos en el Báltico tanta simpatía como el Zar de Kaunas levantaba aquí. Él se fue y cogió el testigo Jasikevicius, otro líder gesticulante y protestón, aunque se haga querer. Los lituanos apelan hoy al grupo para sorprender, pero es Saras el que aporta ese plus que convierte un gran equipo en campeón. Logró la triple corona europea con clubes diferentes dos años seguidos. Y, entremedias, un oro continental. Detrás suyo también hay talento. Mucho. El de Lavrinovic, el del veloz Kaukenas, el de la joya Siskauskas (jugador total) o el del NBA Kleiza, que se fue adolescente a EEUU para darle mejor vida a su familia. Esa ambición le persigue en la cancha. Ojito con él, aunque ahora el gigante es España.



