Pau Gasol y el escudo antimisiles
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No dudo ni un segundo de que Michael Phelps ha hecho historia en estos Juegos Olímpicos. Pero nuestra delegación en China tiene su Phelps particular; la Selección española de baloncesto. Hace dos años fue oro en un Campeonato del Mundo. Hace menos de un año plata en el Europeo. Ahora ya está metida de lleno en la lucha por el metal olímpico. Estamos ante un récord difícil de igualar. Veinticuatro años después de Los Ángeles disfrutamos de una generación casi irrepetible. Un grupo que arrancó en Saitama y cuya base se mantiene en esta cita olímpica. Y ese espíritu del Mundial es el que estamos recuperando. El que hace que defendamos como gladiadores para ganar los encuentros más importantes, como el de ayer.
Cuando nos ponemos a defender sólo los americanos podrían hacernos frente. Los croatas probaron esa amarga medicina. Sabíamos que los balcánicos eran temibles lanzadores y por eso Aíto desplegó el escudo antimisiles. Tapones de Gasol, rebotes de Jiménez, intensidad en la ayuda sobre su línea de 6,25. Con esa defensa a Tomas y Ukic el aro se les transformó en un dedal. Tras la intensidad de los cuartos es obvio que esta Selección confía en su potencia defensiva. Y buena falta nos va a hacer ante los lituanos que son como croatas pero en buenos. Ahora les toca a Jasikevicius y compañía conocer el significado de lo que entendemos por defensa. Aíto sigue convencido de que desde la defensa se forjará nuestro ataque. Nuestro ataque hacia el oro.



