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El partidazo que no existió

El duelo más esperado no tuvo historia. Estados Unidos pasó por encima de España (82-119) para asegurarse la primera plaza del grupo y tomar ventaja de forma definitiva en la guerra mental que conduce a los cruces y a la lucha por el oro. Un partido que los de Aíto deberán olvidar pronto para centrarse en una ruta hacia las medallas que se perfila (seguramente Croacia en cuartos y Lituania en unas hipotéticas semifinales) como un trayecto lleno de trampas.

<strong>EXHIBICIÓN.</strong> Estados Unidos apabulló a España y se confirmó como la principal favorita al oro.
Juanma Rubio
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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El golpe ha resonado tremendo, imponente, expandiendo su onda expansiva desde el lustroso pabellón Wukesong hasta todos los rincones de los Juegos, haciéndose un hueco entre los trabajos heroicos de Phelps y la explosión sideral de Bolt. Una onda expansiva con un mensaje al mundo: el Redeem Team, el equipo de la redención, viaja a la velocidad de la luz hacia la recuperación no sólo del oro sino también del orgullo de un equipo, un país y una competición (la NBA) herida tras los fiascos de Atenas y Japón.

El gran mérito de Estados Unidos, en un partido sin mucha más trascendencia que la evaluación de sensaciones, ha sido convertir a España en un escalón más en su camino, en un mosquito inofensivo que apenas resistió medio cuarto (11-11). El campeón del mundo, la gran amenaza, un equipo cargado de talento NBA en versión presente (Gasol, Calderón), pasado (Navarro, Garbajosa, Raúl) y futuro (Ricky, Rudy), se difuminó hasta convertirse en una sombra que hizo todo lo que Estados Unidos deseaba, que permitió que la primera parte fuera una alfombra roja en cuyo extremo relucía la exhibición del rival: 45-61 para los de Coach K, que incluso se permitieron un respiro tras alcanzar los 20 puntos de margen (36-56).

Si había margen para la remontada, algo impensable tras la brutal demostración de jerarquía del primer tiempo, éste se desvaneció en un arranque de tercer cuarto que selló un 48-72 impensable a priori incluso para los más pesimistas. La sensación era que España había perdido el partido antes de saltar a la pista y no había hecho después demasiado para evitar que esa derrota tuviera otro signo, otro mensaje para un mundo curioso que esperaba una colisión titánica y no un atropello sistemático y espectacular hasta el 82-119 final. Más allá de eso sólo quedan las sensaciones, toda vez que la verdadera batalla está por llegar y para los de Aíto ya va tomando forma: seguramente Croacia en cuartos, probablemente Lituania en semifinales.

Sucificientes argumentos para no obsesionarse con la revancha, en una hipotética final, de un tipo de derrota al que esta generación de jugadores no está acostumbrada. Eso llegará, y será (o no) otra historia, siempre y cuando España mejore. Porque este partido puede ser anecdótico, pero no lo es el espeso inicio ante Grecia, el pésimo partido durante tres cuartos ante China o el escaso brillo del triunfo ante Alemania. Y no lo son los hechos de que hay jugadores que no están en un momento óptimo o que el escaso margen de tiempo con el que ha trabajado Aíto ha permitido ajustar a un nivel alto la defensa (este partido al margen) pero no ha dejado espacio suficiente al trabajo ofensivo, fiado en exceso a la descomunal suma de talento de un equipo que, sin duda, se merece mantener el cartel de aspirante a la plata con derecho a otra ronda ante Estados Unidos con el oro a la vista. Pero, sin soluciones y sin pequeños ajustes, una hipotética semifinal ante la lanzada Lituania puede ser una tortura. Una prueba mental.

Un partido marcado en el calendario de Estados Unidos

En el otro lado, el de Estados Unidos, todo parece fluir como la seda, a la espera de que esta vez el sueño no acabe en pesadilla. No tiene pinta. Los americanos, que esperaban con ansia este partido para exponer uno por uno todos sus argumentos, tienen un equipo tremendo y profundo y parece que definitivamente han descubierto un camino que empieza en la humildad y la concentración, más allá de que sigan cometiendo pasos de salida. Esos ajustes no parecen ahora tan importantes toda vez que juegan desde el respeto al rival, con una defensa de una intensidad abrasiva (marca Duke de Coach K: despliegue físico, manos rápidas...) y un ataque con sentido de equipo, buscando la velocidad y las contras pero también un ataque estático más cerebral.

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Así aplastó Estados Unidos a España: impidiendo de salida a base de dos contra uno que Gasol recibiera, ni para anotar ni para distribuir, y forzando después la máquina, 7 robos en el primer cuarto, con una presión a la yugular de la creación española por parte de una segunda unidad de escándalo (Wade, Paul, Prince...); y, en ataque, aprovechando el desconcierto y la mala selección en el tiro de España para correr en primera o segunda oleada. Y cuando se cerraba esa opción, atacando con paciencia hasta lograr el extra pass que permitió un festival en tiro exterior liderado por un Anthony habitualmente fallón pero esta vez surtido de balones demasiado francos. Contra eso, no funcionaron las zonas de una España que, al menos, habrá aprendido que la forma de ganar a este equipo pasa por no jugar al cara a cara a campo abierto, por no utilizar sus armas, por correr poco y tirar menos. Tanto talento tiene España, que a priori parecía que incluso en esas tesituras podía sorprender a este enorme Redeem Team.

Por lo demás, el partido dejó un rosario de momentos estelares de los estadounidenses, de mates de concurso liderados, por supuesto, por LeBron, que destrozó en los primeros minutos a Mumbrú para abrir la primera brecha seria del partido, y esa fea sensación de que casi todos los elementos de España (salvo un batallador y efectivo Felipe Reyes, poco conocido para los americanos) parecen menos de lo que son. Pero no es el caso, no debe cundir el pesimismo: España es un equipo impresionante, que tiene todas las cartas para estar en la final. Pero este partido, y muchos momentos de los anteriores, deben servir para hacer correcciones cuando todavía hay tiempo. Lo otro, una posible final de nuevo ante este equipo que hoy le ha pasado por encima, será otra historia, el mejor final posible para un hermoso pero duro camino que pronto se abrirá y en el que ya no habrá margen para el fallo.

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