Un Pau Gasol imperial paró la revolución china
La Selección remontó 15 puntos y se impuso en la prórroga


Nadie daba una colilla por España, que perdía 52-37 y estaba de veras superada por la grandiosidad del Wukesong y la luz de Yao y sus amigos. China estaba jugando el partido de su historia, haciendo el baloncesto que desde hace diez años ve por la tele. Ya ha pasado la niñez y, empujada por el aire de su gente, es un rival serio. Por minutos, volvió loca a la Selección de Aíto, incómoda por verse por detrás, sin ritmo, dando palos de ciego y temiéndose ser víctima de la primera gran sorpresa de los Juegos y salir, para mal, en todos los papeles. Pero igual que estuvo fuera del partido y descolocada por la cantidad de cosas buenas que sabían hacer los chinos, completó una remontada primorosa, que no estará en la historia porque lo de ayer era un partido de una fase inicial, pero que tuvo un alto contenido emotivo y confirmó la magia de este grupo, capaz de remontar catorce puntos en el último cuarto. A los últimos diez minutos, España llegó 61-47. Y al final de los 40, tiempo reglamentario, 72-72.
Emergió, imponente, Gasol, que ayer demostró por qué, siendo primer o sexto hombre, es el líder indiscutible, el mejor jugador de baloncesto de la historia del país. Gasol redujo a cenizas a Yao, el faro de los Juegos, con una gama fenomenal de recursos. Por aquí, por allá, Gasol hizo canastas de todas maneras, llevó a España a la gloria (segunda victoria en los Juegos y cuartos de final en el bolsillo) y sometió la revolución de los chinos, levantados en armas. Él fue la contrarrevolución. Su partido fue un ejercicio de autoafirmación, el recordatorio de la jerarquía que tiene en el grupo. Sus compañeros se lo reconocieron y volvieron a su condición de gregarios. En dos casos, gregarios de lujo. Ricky Rubio, manos largas, es mejor como ladrón que Robin Hood. Quitó cinco balones y demostró que en baloncesto también se puede ser decisivo metiendo sólo un punto. Y 21 hizo Rudy, exuberante. Perdió cuatro balones, pero estuvo en todos lados.
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Orgullo.
España se vio en su situación límite por su mala cabeza durante 30 minutos, pero demostró orgullo y salió a flote admirablemente. Y en la prórroga fue una moto, hizo un parcial de 3-13 con China derretida y triste y terminó con un mate de Gasol que dejó en silencio el Wukesong. Pau, universal, paró la revolución china. José Luis Sáez, presidente de la Federación que no come antes de los partidos, les ha regalado una excursión a la muralla china mañana después del choque ante Alemania. Se la han ganado.



