Pekín 2008 | Baloncesto | China - España

Yao Ming y 15.000 fieles esperan a España

La Selección quiere asegurar cuanto antes la segunda posición

<b>MAREA ROJA. </b>Ante China será la Selección la que vista de rojo, aunque en esta ocasión las banderas rojas de la grada no serán para respaldar a España.
Juan Jiménez
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
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España jugará de rojo esta tarde contra China, un asunto serio. Quitarle ese color a China es casi colonizar Pekín, aunque en este caso responde a asuntos burocráticos. El local viste de blanco. Con permiso de Estados Unidos, cuyas camisetas se devoran por las calles comerciales cercanas a Tiannanmen, España está de moda aquí, pero hoy es el enemigo.

La hoja de ruta de la Selección tiene tres rutinas: partido-descanso-entrenamiento. Así, de dos en dos días, organiza Aíto a sus chicos. Ayer se los llevó al gimnasio de Shougang, una coqueta instalación en la punta oeste de esta ciudad que no tiene límites. Hoy toca China, que ayer supo que su partido contra Estados Unidos ha sido el más visto de la historia de la televisión. Seguramente España no destroce esas barreras, que nosotros somos menos, pero en la pista encontrará una oposición similar. España salió muy reforzada de su debut contra Grecia. Gobernó el partido con solvencia y, sin ser una máquina, abrió brecha con una facilidad que tiene deslumbrada a la crítica. Pero contra China encuentra otra batalla: la de la excitación. China juega encendida, contagiada por 15.000 fieles que aplauden y se emocionan por todo, que no distinguen todavía bien entre un acierto nítido y una filigrana. El asunto llega a tal extremo que, antes de cada jornada, las pantallas gigantes proyectan un vídeo en el que se detallan las reglas de este deporte como en un campus de infantiles. Así, en medio de ese ambiente que está entre lo didáctico y el espectáculo, se juega cada partido. Y ahí China, y el partido de esta mañana en España, se convierte en imprevisible. Y China puede ser una avalancha o un desastre, según maneje ese estado de ánimo.

La derrota ante Estados Unidos no le ha quitado moral, faltaría más. Es un grupo animoso con algún jugador de talento (el zurdo Wang Zhi Zhi) y un faro: Yao Ming, que lo ocupa todo en los Juegos. Los carteles publicitarios, la bandera en el desfile, los micrófonos de los medios.

Aislamiento.

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Saber dónde se entrenaba China ayer era un secreto de estado. Kazlauskas, un lituano fichado a golpe de talonario en una operación similar a la que llevó a Hiddink a Corea antes del Mundial, está admirado por la pasión que despierta el equipo. Pero también superado. Por eso pretende aislarlo de alguna manera. En la Villa es imposible, así que ayer se fue a algún lugar recóndito para encontrar paz.

España ya no oculta los objetivos. Dijo Aíto que el objetivo "eran los cuartos". Gasol se quitó la careta y sentenció: "Esto empieza en los cuartos". Y a los cuartos quiere llegar entre los dos primeros de grupo. El partido de EE UU será un reconocimiento médico, poco más. Donde no hay que guardarse nada es en partidos trampas como el de hoy. Un anfitrión, mucho más esta China enigmática, es siempre un anfitrión y merece un respeto.

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