Pekín 2008 | Baloncesto

Gimnasio y caminatas en Shanghai contra el jet-lag

El Gobierno chino pone escolta a la Selección española

<b>PASEOS. </b>Calderón, Mumbrú y Carlos Jiménez pasearon ayer por las calles de Shanghai.
Juan Jiménez
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
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Aterrizas en el aeropuerto de Pu Dong, Shanghai, a 10.000 kilómetros de Madrid y, cosas de la globalización, podrías creerte en Barajas. El diseño es un calco de la T-4 de Richard Rogers, pero aquí sólo hay letras chinas y, aunque no lo parezca, Juegos Olímpicos. Shanghai es sede del torneo de fútbol, aquí están Agüero y Messi, pero no hay trajín ni 1.500 vuelos aterrizando al día como en Pekín. La Selección española de baloncesto llegó de puntillas, sin alborotos, casi en el anonimato. El control de pasaportes de la Familia Olímpica sólo lo atravesó la expedición de la Selección y cuatro periodistas. El resto de pasajeros del vuelo 169 de British Airways, a los mostradores para los no olímpicos.

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Sólo Raúl López tuvo un mínimo problema con el visado. Mientras le esperaban, sus compañeros cambiaron dinero y algunos, como Rudy Fernández, grabaron las primeras imágenes en China en una cámara de vídeo. El doctor Delfín Galiano volvió a triunfar con sus pastillas inductoras de sueño. Los jugadores, que viajaron en primera clase, durmieron una media de seis horas. Algunos, como Ricky, que nunca había viajado a Asia, estuvo el viaje entero durmiendo de un tirón. Otros, como Pau Gasol, repartieron el tiempo entre el sueño y El diario de Ana Frank. El consejo era dormir lo máximo posible para evitar el sueño al llegar a Shanghai. José Luis Sáez, presidente de la Federación, que está desde el día 2 en China, recibió a los jugadores en primera persona en el hotel. Luego hubo de todo. Unos se trataron con los fisios, otros optaron por la sauna y el baño turco y algunos, como Raúl, Garbajosa, Calderón y Mumbrú se decidieron por el gimnasio. Garbajosa impone: carrera continua, abdominales y flexiones por doquier después de 20 horas de trasiego.

La batalla al jet-lag se completó con un paseo por la contradictoria Shanghai, que mezcla rascacielos ultramodernos y miseria tangible en metros, para ir a almorzar. Fue breve, eso sí, porque el calor y la humedad son asfixiantes y el tráfico es de videojuego. Además, la Selección se encontró una sorpresa más: lleva escolta propia. Todos sospechan que colocada directamente por el Gobierno chino, ya que no la esperaban. Ayer, en una calle peatonal de Shanghai, pudo verse a uno de los escoltas quitarse literalmente de en medio a una comerciante que ofrecía productos de imitación a José Manuel Calderón. La Federación le da las gracias y espera más lío todavía en Pekín. A partir de hoy lo sabrán.

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