Los Lakers de Pau Gasol luchan contra la historia
Ningún equipo ha levantado un 3-1 en las finales de la NBA


Decía Woody Allen, que siempre tiene una frase ingeniosa aunque cada vez menos películas de culto, que lo único bueno de Los Ángeles es que puedes girar a la derecha con el semáforo en rojo. A los Lakers no les queda más remedio que aprovechar esa licencia del tráfico californiano, pues los otros caminos están cerrados. Pierden por 3-1 la final de la NBA y necesitan ganar hoy para que la serie vuelva a Boston. "Esto no ha acabado", dice Phil Jackson, el maestro zen a quien todos aquí escuchan como si por su boca fuera a salir mística pura. Ayer canceló el entrenamiento alegando razones "psicológicas". "Viendo a los chicos, cómo estaban y cómo se sentían, pensé que era una buena idea". Palabra de Phil. Y entre proverbios, grandezas y alguna que otra broma ("todos somos responsables de la derrota; incluso Rudy Garcidueñas, el jefe de equipación, seguramente piensa que puso el detergente equivocado al lavar los uniformes"), un nuevo recadito para Gasol. "Pau tuvo un ataque en el que pudo haber machacado, pero no lo hizo. No sé si porque fue taponado o porque le hicieron falta. Quizá no fue con suficiente fuerza hacia el aro, pero esa jugada terminó siendo clave".
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Se le escapan a Jackson muchas jugadas clave que pudieron ser canasta y no lo fueron, precipitaciones de Vujacic, absentismo de Odom, obcecación de Bryant Lo único claro es que toca mirar hacia adelante. Y con orejeras, para no ver la estadística que corre: ningún equipo ha levantado un 3-1 en contra en unas finales de la NBA. Y van 28 casos. Jackson anuncia que no cambiará su quinteto titular (Fisher-Bryant-Radmanovic-Odom-Gasol) y Doc Rivers reconoce que fue Pierce quien le pidió encargarse del marcaje de Bryant. "Estoy seguro de que Ray (Allen) estaba contento cuando Paul lo pidió, porque eso significaba que él no tenía que defenderle al menos durante un rato". Risas. En los Celtics están permitidas, es lo previsible. Pero nadie se fía, aunque por el tono en el que los periodistas entrevistaron ayer a Rivers daba la impresión de que el título ya se estuviera celebrando.
Nada de eso. Rondo aún arrastra molestias en su tobillo, Perkins es duda por la dislocación de su hombro y Pierce se lastimó el tobillo derecho en el cuarto partido. En los Lakers, Odom vuelve a quejarse de su rodilla. Nada que no se cure con un triunfo que devuelva la ilusión a los angelinos y a Jackson al reto de poder superar en anillos a Red Auerbach (nueve cada uno). Rivers lo elogia de antemano: "No creo que le esté ganando la partida en esta final. Para mí, Phil es el mejor entrenador, al menos para los de mi generación, junto a Pat Riley y Gregg Popovich. Yo no estoy en ese club". Será cuestión de ir ganando títulos. El primero lo tiene a tiro.



