Boston domina a unos Lakers que ven más lejos el anillo
Objetivo cumplido para Boston, que sale del TD Banknorth Garden con dos triunfos y la mitad del camino hacia el anillo ya recorrido. Los Lakers realizaron un mal partido, pésimo en algunas fases, y fueron zarandeados hasta una reacción final que les permitió incluso soñar con la victoria. Ahora los angelinos no pueden fallar en el Staples Center, donde se jugarán los tres próximos partidos de la final. Gasol comenzó muy bien en ataque pero fue perdiendo protagonismo y apenas anotó cuatro puntos en todo el segundo tiempo.


Los Lakers ya saben que necesitarán una machada para ser campeones de la NBA después de perder de nuevo en Boston (108-102). Una machada y una resurrección, porque el segundo partido de la final dejó, pese al confuso espejismo final, la sensación de que los Celtics han llegado mejor preparados a la serie, tanto física como mentalmente. Se trata de eso o simplemente de que la ventaja de campo es un factor absolutamente definitivo, algo a lo que ahora se tienen que agarrar los angelinos, obligados a llevarse los tres partidos que se disputarán en el Staples. Miami, en una final teóricamente más desequilibrada en su contra en cuanto a potencial, lo consiguió frente a Dallas y se llevó el título. Ahora está por ver si los Lakers tienen la energía necesaria y si los Celtics, con la situación bajo control, sufrirán un colapso terminal como el de los Mavericks.
Precedentes por lo tanto hay, y calidad por supuesto también. Pero deben cambiar muchas cosas. Y quizá, al menos en el apartado psicológico, el surrealista final de este segundo partido ayude a los angelinos a creer de verdad, a inflamar su baloncesto hasta volver a hacerlo reconocible y no tan impropio y desesperante como lo fue durante muchos minutos en un partido en el que, entre el delirio absoluto de la grada del TD Banknorth Garden, los Celtics llegaron a amenazar con consumar un triunfo humillante. A eso apuntaba el marcador, 95-71 cerca del cuarto minuto del último período. Y por eso es muy entender cómo esos Celtics imperiales, y ese fue su gran borrón en el partido, se dejaron comer terreno en unos minutos de locura anotadora de los Lakers, que encontraron el tiro exterior y la continuidad de Kobe Bryant (13 de sus 30 puntos en ese último cuarto) en el último momento y que llegaron a los últimos 40 segundos a sólo dos puntos: 104-102. Finalmente no se consumó la que hubiera sido una de las remontadas más increíbles de la historia de las finales porque los Lakers seleccionaron mal su último ataque con 106-102, después de que no le temblara el pulso desde la línea de personal a Paul Pierce, de nuevo héroe, siempre santo y seña.
Boston, mejor en todos los aspectos
Antes de un final agónico que nunca debieron permitir, los Celtics habían dado una lección en la parte central del partido, acumulando entre el segundo y el tercer cuarto un parcial de 63-39, apagando por completo la ofensiva de unos Lakers que se iban dejando sus señas de identidad a cada minuto que pasaba, incapaces también en defensa de ofrecer agresividad sin faltas personales, un lastre desde el arranque que puso de los nervios a todos, Kobe Bryant a la cabeza. Tan cierto es que hubo un buen número de pequeñas decisiones en las que los árbitros favorecieron a los locales como que los Lakers entraron en una lucha que no les conviene, descentrados y mucho menos aptos para un partido físico en el que Boston, con más músculo y más veteranía, pegaba más y manejaba mejor los márgenes de permisividad arbitrales.
Tras un primer cuarto aceptable (20-22), en el que dominaron el rebote y Gasol exhibió más decisión en ataque para ganar casi todas la batallas en el poste bajo, mate sobre Garnett incluído, los Lakers desaparecieron desde el inicio del segundo, en el que encajaron un parcial de 10-0 que reanimó a la grada y que señaló a los dos jugadores fundamentales del en el devenir del duelo. Uno era esperado: Paul Pierce. El héroe del primer partido anotó 28 puntos, repartió 8 asistencias, no falló ningún triple (4/4, 9/14 Boston) y canalizó de nuevo la energía entre equipo y grada, creando vasos comunicantes que poco a poco reducían a cenizas la escasa resistencia de unos Lakers que, demasiado livianos, se descompusieron a la mínima ocasión. El segundo nombre propio del partido fue mucho más sorprendente: Powe anotó 21 puntos y desquició a un rival que sólo sabía pararle a base de faltas. Powe lanzó 13 tiros libres; Todos los Lakers, 10. Su partidazo, además, simbolizó la superioridad del banquillo celtic, mucho más experto y físico que el de unos Lakers que acusan la juventud de jugadores importantes durante la temporada como Farmar o Vujacic. Si a todo esto se suma a Garnett, fallón en ataque (7/19 para 17 puntos) pero intenso en defensa y dominador en el rebote (14), a un Rondo capaz de repartir 16 asistencias y capturar 6 rechaces y a un Allen muy cómodo en su papel de especialista con apariciones espaciadas pero deslumbrantes (17 puntos), el resultado es claro: Boston, pese a sus malos momentos ante Atlanta y Cleveland, vuelve a parecerse al equipo que sembró el terror en la temporada regular.
Los Lakers muestran su peor cara y reaccionan tarde
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Las enormes virtudes de los Lakers, por el contrario, aparecen con cuentagotas. Además de los hombres de banquillo, Radmanovic está más irregular que nunca y jugadores como Odom o Fisher, fundamentales, no le han encontrado todavía el pulso a la eliminatoria. Phil Jackson apenas ha podido ver el triángulo ofensivo en armonía y, sin la intensidad defensiva de su rival, todo queda en manos de acciones individuales, de la necesidad de que Bryant alcance su nivel más devastador. Sin embargo, ninguno de los dos partidos ha sido especialmente bueno para Kobe. Pese a sus 30 puntos, no tuvo el peso necesario hasta el arrebato final, inmerso en luchas con los colegiados y excesivamente nervioso hasta esos minutos en los que lideró el intento desesperado pero orgullos de unos Lakers que, quizá, recuperaron ahí algo de crédito y de esperanza, porque no evitaron la derrota pero sí la humillación. Esas pequeñas cosas, en este tipo de series, son a veces sutilmente determinantes.
Uno de los pecados de los Lakers, mientras el partido se jugó dentro del guión convencional, fue no buscar lo suficiente a Pau Gasol, que empezó posteando muy bien y ganando la partida a Garnett y Perkins. Al descanso sumaba 13 puntos con 6/8 en tiros, y parecía la mejor opción de su equipo. En el segundo tiempo, sin embargo, comenzó a mostrarse menos efectivo ante canasta hasta pasar totalmente desapercibido. Sus últimas pinceladas coincidieron con un acelerón de su equipo (68-59) al que siguió un parcial de 13-0 en el que afloraron todas las virtudes de los Celtics y todas las flaquezas de los Lakers. Finalmente Gasol anotó 17 puntos, capturó 10 rebotes, repartió 4 asistencias y, desde luego, no es uno de los que sale peor parado de un partido en el que los Lakers exhibieron todas las razones por las que a veces son un equipo totalmente inestable y casi ninguno de los argumentos que les permitieron ser el mejor equipo de su Conferencia en la temporada regular y pasar por encima de Utah o San Antonio en playoffs. Queda la fe y queda el Staples. Y queda que, sí o sí, el martes los angelinos ganen en su pista y comiencen a invertir una inercia que, ahora mismo, parece empujar el anillo de forma inexorable hacia Boston.



