San Antonio somete a los Hornets y se medirá a los Lakers en la final del Oeste
La experiencia del actual campeón silenció el New Orleans Arena (82-91). Con la única victoria a domicilio de la serie en el séptimo y último partido, los Spurs sellaron su pase a la final de la Conferencia Oeste, donde ya les esperan los Lakers de Pau Gasol y Kobe Bryant. El primer choque, el próximo miércoles en el Staples.


A pesar del centelleante baloncesto de los Hornets. A pesar de las genialidades de Paul, la muñeca de Stojakovic, la percusión de West y la intimidación salvaje de Chandler. A pesar de todo, los Lakers preferían a los de Byron Scott antes que a los Spurs en la final de la Conferencia Oeste. Su gozo en un pozo. Su rival, a partir del próximo miércoles, será el actual campeón, que nunca había remontado un 2-0 ni se había metido en la final del Oeste en la temporada siguiente a cualquiera de sus anillos.
¿Romperán los tejanos su maldición de los años pares y conseguirán enlazar por fin dos títulos para rubricar aún más la jerarquía de un equipo que pasará a la historia? Parte de la respuesta la tienen los propios Lakers, que saben que la fórmula pasa por no fallar en el Staples, porque cazar en el AT&T Center serán palabras mayores a estas alturas de los playoffs. Cerrar los partidos en casa y correr, impedir que San Antonio aplique su ritmo y les torture con su baloncesto de hierro. El miércoles, sin ir más lejos, deberían aprovechar que su rival, de jugadores no precisamente jóvenes, apenas tendrá 48 horas para descansar tras una serie durísima.
El campeón aplica su método ante los Hornets
Los Hornets, como en el sexto partido, volvieron a lucir su inexperiencia y una agitación mal entendida cuando la serie llegó al terreno ideal para esos Spurs que esconden cicatrices de toda clase bajo sus camisetas negras y las espuelas de su logo, símbolo ya de la competitividad hecha equipo de baloncesto. Con precisión quirúrgica, borraron las señas de identidad de un rival que le había barrido en los tres partidos anteriores disputados en el New Orleans Arena, con ventajas siempre en torno a los 20 puntos, pero que esta vez perdió (82-91), cuando los guerreros de Popovich les hicieron ver que no había suelo bajo sus pies, precisamente a un sólo paso de la gloria.
La emboscada de San Antonio se basó en un criterio excelente en ataque durante el primer tiempo, en el que anotaron 51 puntos (42-51) en una proyección de anotación muy superior a la de sus tres visitas anteriores al Arena. Duncan y Ginobili aplacaban las embestidas de West (12 puntos en el primer cuarto), pero las claves del partido llegaban por otras estadísticas: superioridad en el rebote y seis triples más anotados por los visitantes, que además conseguían que sus excesivas pérdidas (10) no sirvieran a los Hornets para jugar al galope, la fórmula con la que habían llevado la serie hasta el 3-2.
En sus tres victorias anteriores, los Hornets habían destrozado el partido en el tercer cuarto. Esta vez sucedió todo lo contrario. Ahogados por la defensa rival y por sus propios nervios, vieron el aro demasiado pequeño y se quedaron en 14 puntos (14-20). San Antonio apretó las tuercas en defensa y llevó el partido a su terreno, sacando provecho del carrusel de fallos a base de ataques largos y precisión letal desde el exterior. Hasta Horry pareció rejuvenecer y anotó dos triples. Los Hornest, hipnotizados por el ritmo de su rival, entraron en barrena y dejaron de seleccionar sus tiros. West no anotaba y Paul parecía obstruído, agarrotado por las variantes defensivas de su rival.
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Defender fue lo único que hizo San Antonio en el segundo tiempo, y eso pudo costarle caro en un último cuarto en el que apenas lograron cuatro canastas en juego y en el que estropearon sus porcentajes de tiro. De forma incomprensible para un equipo de su experiencia, permitieron a los Hornets recuperar la esperanza en un parcial que había comenzado con un concluyente 56-71. Paul trató de enloquecer el partido en las dos zonas y encontró buenos pases a Chandler, y Pargo ejerció de cañonero para llevar a su equipo hasta el 80-83, tras triple del propio Pargo en una jugada en la que San Antonio concedió 4 rebotes ofensivo y cinco opciones de tiro. Era tan inconcebible que la remontada parecía posible. Y lo fue, porque Pargo tuvo poco después, a las puertas del último minuto, otro triple, en una posición cómoda desde la esquina, para empatar. Pero falló, y una canasta de Parker y la siguiente sucesión de tiros libres metió en la final a San Antonio.
Al final, San Antonio se impuso 42-51 en la batalla por los rebotes, donde destacó el duelo entre Duncan (16 puntos, 14 rebotes) y Chandler (13 puntos, 15 rebotes). Minimizó el efecto de sus 14 pérdidas y logró 12 triples (12/28) por los 4 de New Orleans. Ni Stojakovic ni Peterson tuvieron su día. West se estancó tras su gran primer cuarto para terminar con 20 puntos y 9 rebotes, y Paul firmó una vez más excelentes números (18 puntos, 14 asistencias, 8 rebotes, 5 robos), pero perdió esta vez con Parker la batalla que va más allá de las estadísticas, la del control del juego. El base francés terminó con 17 y 5 asistencias, y Ginobili, fundamental en el despegue de su equipo, anotó 26 puntos para sellar el fin del sueño de los Hornets. Un equipo que sin duda volverá a luchar en las últimas rondas de playoffs, y podrá entonces aplicar lo que ahora le ha enseñado el viejo campeón a base de fuego y sangre. Aún así, espléndida temporada de los de Byron Scott, que se despiden mientras San Antonio ya afronta su siguiente gran reto. Primero fue Phoenix, luego New Orleans, y ahora aparecen en el horizonte los exhultantes Lakers de Kobe, Pau y Phil Jackson. El reto es brutal para ambos equipos. El premio, un lugar en la gran final.



