West y Paul dejan al campeón contra las cuerdas
Si San Antonio consigue eliminar a New Orleans, será a domicilio y en el séptimo partido. El quinto fue para unos Hornets que, de nuevo en su pista, repitieron la rutina de los dos primeros partidos y apabullaron a los Spurs en el tercer cuarto. Un impresionante West y y Chris Paul, claves en un 3-2 que obliga al defensor del anillo a ganar los dos próximos partidos.


Este era el partido que necesitaba New Orleans Hornets para confirmar su mayoría de edad, para gritársela al mundo. Muchos le daban como víctima ante Dallas a pesar de su gran temporada regular, y laminaron sin piedad a los confusos Mavericks. Muchos creían que el gen competitivo de San Antonio les pasaría por encima en un terreno, semifinal de Conferencia, donde ejercían de imberbes aspirantes ante el campeón. Comenzó la serie con 2-0 y viento a favor, pero la llegada al AT&T Center selló el 2-2. En la cómoda victoria local del cuarto partido muchos quisieron ver el punto de inflexión de la eliminatoria.
Así llegaba el quinto partido, de tensión máxima especialmente para el equipo local, obligado a ganar para no verse con 2-3 y camino del salvaje feudo del defensor del anillo. Exactamente en este punto, los Hornets respondieron (101-79) de la mejor forma posible, inclinando poco a poco el partido hasta imponer sus armas y terminar apabullando a unos Spurs que ahora deben afrontar un reto colosal: ganar dos partidos seguidos a un equipo más joven, que ha recuperado la confianza, que huele la sangre del rival y que, además, guarda en su manga la ventaja de campo para el séptimo partido. Algo fundamental a la vista del desarrollo de la serie.
San Antonio siembra el pánico en el primer tiempo
Los Hornets necesitaron reunir toda su fe para volver a creer. La primera parte fue una tortura aplicada por los Spurs, que son como el Torquemada del siglo XXI cuando se pisa terreno de playoffs. Toda su fe y David West, porque el ala-pívot fue el sostén de su equipo en los peores momentos, tapando por enésima vez la boca a los que criticaron su condición de All-Star. West es un ala-pívot de primer nivel, en pleno crecimiento, completo, intenso y con una facilidad descomunal para anotar. Tras su mal cuarto partido, se vengó a lo grande. Cerró el primer cuarto con 14 de los 21 puntos de su equipo. Al descanso sumaba 22 (10/14 en tiros) y 7 rebotes, y era el responsable de que San Antonio no hubiera puesto tierra de por medio. Terminó con 38 puntos, 14 rebotes, 5 asistencias y 5 tapones.
Porque, West al margen, los dos primeros cuartos apuntaban a mazazo de los Spurs, que conocen mejor que nadie la importancia de partidos como este. Tras un espejismo inicial (13-8), los de Popovich comenzaron a defender y a mover el balón con fluidez en ataque. Encontraban tiros cómodos y castigaban (6-9 en triples al descanso) a unos Hornets que veían como su público callaba, Paul no podía gobernar el juego y Stojakovic se fundía a base de choques contra el muro de Bowen. Aún así, 44-47 al descanso y partido muy vivo, en parte porque a Ginobili, Parker y Bowen no les acompañó un Duncan que sumaba 11 rebotes pero apenas 4 puntos tras una serie de 2/11.
Tercer cuarto para enmarcar de los Hornets
En el tercer cuarto se volteó el partido y la gestión anímica de la serie, de nuevo en poder de los Hornets, que cerraban esos doce minutos con un parcial de 28-11. Apareció Paul, que sumó 12 puntos y marcó el ritmo de vendaval que desintegró, como en los dos primeros partidos, a su rival. Chandler, limitado por las faltas en el primer tiempo, elevó de nuevo la intensidad y dirigió una defensa total que tenía al campeón en 4 puntos tras siete minutos y después de un parcial de 14-0 en su contra (64-51). Peterson acertaba con los triples importantes (4/6 para 12 puntos) y el 3-2 parecía consumado ante la incapacidad de los Spurs para dar respuesta. Los Hornets consiguen como pocos equipos que las pequeñas grietas de los tejanos parezcan auténticas brechas.
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El último cuarto reservó a los de Byron Scott pequeños sobresaltos y una mala noticia, que llegó con la lesión de tobillo de Chandler, fundamental en la defensa sobre un Duncan que terminó con 23 rebotes pero con apenas 10 puntos (5/18 en tiros) y sin poder gestionar desde el poste los ataques de su equipo. La ausencia del pívot sería una baja determinante para los próximos partidos y, sin él en pista, los Spurs amagaron un par de veces con volver al partido, la última a falta de 5 minutos y tras un parcial de 0-7 (85-77).
Entonces Paul asumió los galones que le corresponden y anotó 4 puntos que, unidos a los fallos desde la línea de personal de Parker, dejó el partido sentenciado y pendiente de las últimas pinceladas de West, que remató una obra de arte espléndida y se retiró con problemas en la espalda, en apariencia menos preocupantes que los del tobillo de Chandler. Parker, que terminó con 20 puntos y 7 asistencias, capituló ante un Paul al que sometió en el primer tiempo pero al que no pudo apenas inquietar en el segundo (22 puntos y 14 asistencias para el playmaker de los Hornets). Ginobili se fue a 20 puntos, pero apenas 5 en el segundo tiempo, y Bowen no volvió a anotar tras el descanso. Conclusión: 57-31 en la segunda parte para New Orleans y, el jueves, todo o nada en San Antonio. Primera ocasión de los Hornets para consumar el golpe de estado en el Oeste y muerte súbita para los defensores del anillo, que necesitan una victoria cuyo premio es jugarse el todo por el todo en el séptimo partido en un infernal New Orleans Arena que, ahora más que nunca, cree en su equipo. Motivos para ello le sobran.



