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Los Hornets golpean de nuevo sin piedad al campeón

2-0 en la serie entre New Orleans y San Antonio. De la mano de un de nuevo extraordinario Chris Paul y, esta vez, un acertadísimo Stojakovic, los de Byron Scott volvieron a desarbolar en el segundo tiempo a unos Spurs completamente superados y que deberán cambiar totalmente de cara en su pista para no verse al borde de la eliminación ya en el tercer partido.

<strong>IMPARABLES.</strong> Los Hornets colocaron el 2-0 en la serie y tienen ya contra las cuerdas al defensor del título.
Juanma Rubio
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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Quizá lo peor para los Spurs no sea el 2-0 con el que salen del New Orleans Arena, sino la imagen de inferioridad que han transmitido y su incapacidad para cambiar el guión entre el primer partido y el segundo de una serie hasta ahora jugada al absoluto antojo del excepcional Chris Paul. Cualquier analista hubiera dado como favorito de la eliminatoria a los veteranos, expertos y competitivos Spurs. Sin embargo, en la pista mandan las piernas jóvenes y el excelente juego de unos Hornets que han sido mejores que su rival durante toda la temporada regular y a los que los playoffs no han cambiado la cara en absoluto. ¿Inexpertos? Ahí quedan los números del inexperto Chris Paul en el segundo partido de la serie: 30 puntos y 12 asistencias. Y, al final, otra paliza: 102-84 y el 2-0, absolutamente inapelable. Una derrota en los dos siguientes partidos, en su pista, dejaría al campeón prácticamente sentenciado.

Más malas noticias para los de Popovich: ellos demuetran que necesitan a todas sus estrellas en conjunción, algo que no está sucediendo, mientras que su rival anda sobrado de recursos. Los tejanos se aplicaron sobre West, letal en el primer partido, y consiguieron minimizar su habitual caudal anotador: 2/11 en tiros para 10 puntos y 10 rebotes. Pero apareció, junto al omnipresente Paul, Stojakovic. La categoría descomunal del serbio (25 puntos, 5/7 en triples) lideró un porcentaje cercano al 60% de su equipo en tiros de tres (10/17). Por el contrario, en San Antonio brilló algo más Duncan (18 puntos, 8 rebotes) pero no aparecieron ni Parker (11 puntos, 3 asistencias) ni Ginobili (13 puntos), retratados ambos por Paul, que gobernó el partido a su antojo.

Las armas de los Hornets, perfectamente dispuestas por Byron Scott, son claras. Defensa intensa e inteligente que contrarresta la circulación de balón de San Antonio, que no deja pensar con la bola a un Duncan asfixiado en el tercer cuarto, y que impide las penetraciones de Parker. Cuando el francés lo intenta, se encuentra con un Chandler que tapona, rebotea (11) y aparece en los momentos de dificultad del último cuarto para aprovechar las asistencias de Paul.

El partido no se diferenció mucho del primero. Popovich pensaba que su equipo sólo necesitaba una mejor actitud, pero se equivocaba. A base de destellos y de trabar el partido, llegaron por delante al descanso (42-43 con Duncan ya en 11+5). En el tercer cuarto, otra vez, les pasó por encima un torbellino: 36-18 para los Hornets, que salieron con un 10-0 que volteó el partido y puso cerca del abismo a unos Spurs precipitados, con Duncan ahogado y con pocas respuestas, ni técnicas ni físicas, ante un equipo que alcanza momentos literalmente soberbios en su juego. Una canasta espectacular de Paul sellaba el 78-61. Partido casi cerrado y éxtasis en un New Orleans Arena infernal, nada que ver con la pista fría y con demasiadas butacas vacías de principio de temporada.

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El último cuarto empezó con un amago de reacción de unos Spurs que se sabían cerca de un mucho más que incómodo 2-0. Un parcial de 2-7 apretó el marcador (80-68) y el único triple de Ginobili rebajó los diez de diferencia (85-76) con casi siete minutos por jugar. Ahí apareció lo mejor de Paul. Como un veterano, dirigió con maestría a su equipo, evitó cualquier exceso de adrenalina que provocara errores, cerró las vías de remontada y desquició literalmente a los Spurs, incontrolable en el uno contra uno. De su mano, su equipo mantuvo el pulso anotador y recuperó la solvencia defensiva dejando a San Antonio en esos 76 puntos hasta el 97-76 (12-0 de parcial). El partido era historia. La ventaja real, ya de 2-0, es para los Hornets. La moral, también.

La diferencia en la cancha ha sido, hasta ahora, enorme. Seguramente en su pista los Spurs recuperen galones, pero deberán volver a una pista de la que salen sin la etiqueta de favoritos que tenían al principio de una serie que, si se alarga, también lo hará, seguramente, para beneficio de las piernas jóvenes de los Hornets. Aniquilados, cabizbajos y con todos los reservas en pista, la imagen de San Antonio al final del partido distaba mucho de la habitual a estas alturas de temporada. Aunque, por supuesto, enterrarles antes de tiempo sería ridículo: son los Spurs.

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