Maccabi y CSKA van a la caza del Real Madrid
Quien gane hoy se quedará a dos títulos de los blancos


En la temporada de los 50 años de la Copa de Europa, habrá una final a la altura de la historia, la más clásica posible, con permiso del Real Madrid. Maccabi Tel Aviv contra el CSKA de Moscú, dos potentados de ayer, hoy y siempre. Los rusos, entonces soviéticos, levantaron su primer trofeo en 1961 y los israelíes, en 1977, cuando sólo equipos de la URSS, italianos y el Real lo habían conseguido. Desde entonces ha habido vaivenes, pero ninguno ha dejado de sumar. El último, el CSKA, que en 2006, en Praga, puso fin a una racha negra de 35 años sin premio. Lo logró Messina, un héroe en Moscú, y lo hizo ante el Maccabi (73-69). Hoy, dos años después, repiten final en el Palacio de la Comunidad de Madrid.
Los macabeos quieren revancha, la misma que los 5.000 hinchas que empujarán como nunca vestidos de amarillo (vale todo, hasta camisetas de Brasil y del Boca Juniors). Pero el guiño más travieso con la historia no está ahí, está en Madrid, en la sede de esta Final Four que se quedó sin el anfitrión esperado. Halperin, su triple y el Maccabi tuvieron la culpa. Otra vez el cruce de caminos. Y en ese guiño aparece el Madrid, rey de reyes con ocho títulos, y que desde hoy será un poco más terrenal en el Olimpo de los dioses. Tanto Maccabi como CSKA suman cinco entorchados y el ganador recibirá su sexta corona, a sólo dos de los blancos. La caza está en marcha, aunque se espera la reacción merengue en próximas ediciones.
Los pronósticos favorecen al CSKA. Era el superfavorito al inicio de campaña junto al Panathinaikos y aquí está. Los de Obradovic fracasaron; Messina, no. Su leyenda crece: tres finales seguidas y a por su cuarto título. En el banquillo de al lado, otro clásico, Zvi Sherf, muy condecorado pero sin el premio máximo. Lo tendrá difícil, porque Papalukas, Langdon, Siskauskas y Smodis son los mejores en su puesto, y también andan por ahí Andersen y Holden, éste en su Palacio talismán, donde en septiembre fue campeón del Eurobasket con Rusia.
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Sharp.
Un americano en Madrid. Otro, Derrick Sharp. Doce campañas en Tel Aviv, nacionalizado israelí y con una sangre fría que destempla al rival. Camino de los 37 años es un secundario, pero ante el Siena fue determinante. Y en la previa, también, arengando a sus compañeros: "La final está muy bien, pero no nos basta: queremos ganar, la revancha... Jugar en el Maccabi es un privilegio, un honor y un orgullo". Esta vez necesitarán más de Halperin, de Morris y del mermado Vujcic. Y pelear cuerpo a cuerpo desde el minuto uno. Enorme final.



