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El rodillo de Detroit reta a los Magic de Dwight Howard

Se acabó, con menos emoción de la esperada tras el 1-2 a favor de los Sixers, una serie que los Pistons comenzaron muy mal pero en la que han terminado exhibiendo todas las virtudes que les han convertido en un fijo en la final del Este en las últimas temporadas. Pulverizados los de Maurice Cheeks en el sexto partido en su propia pista, Detroit ya mira hacia las semifinales de Conferencia, en las que se medirá los pujantes Magic de Dwight Howard.

<strong>DIFERENCIA ABISMAL.</strong> Pese a sus problemas en el arranque de la serie, los Pistons demostraron que, a su mejor nivel, están muy por encima de los Sixers.
Juanma Rubio
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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El sexto partido entre Detroit y Philadelphia no tuvo ninguno de los atributos que se le presuponen a un duelo de estas características. Los Sixers, habitualmente acreditados luchadores, entregaron las armas y firmaron la rendición prácticamente desde el comienzo. En el segundo tiempo ya pensaban en las vacaciones, destrozados por ese rodillo en el que se convierten los Pistons cuando aparece su versión más carnívora. Al final, 77-100 y 4-2 en la serie para los de Flip Saunders. El descanso del cuarto partido ha resultado el evidente punto de inflexión de esta eliminatoria. Con 1-2 y el duelo en franquicia para los de Maurice Cheeks, resurgió en el momento justo la mejor versión de Detroit. El resultado, impecable remontada en aquel partido y sendas exhibiciones en los dos siguientes para cerrar la serie sin problemas y pasar de cuestionados a, una vez más, aspirantes a todo.

Detroit, con más experiencia y jugadores de mayor calibre, no dio ninguna opción a que los Sixers creyeran en sus posibilidades de forzar el séptimo partido. De esa manera, aparecieron todos los pecados de juventud y las limitaciones en otros partidos menos evidentes de un equipo que, en cualquier caso, ha realizado una gran temporada y han llegado más lejos de lo esperado. Se despiden en playoffs y después de resultar una molestia durante más de media eliminatoria para los Pistons. Algo que no pueden ni soñar, por ejemplo, esos Bulls que en la pretemporada parecían uno de los más serios contendientes del Este y cuya temporada ha sido, en la práctica, poco menos que tragicómica.

Un rodillo incesante liderado por Hamilton

Al término del primer cuarto, el partido era ya casi historia. El marcador era 12-30 y la realidad, angustiosa para los Sixers. Sumaban un punto menos que Richard Hamilton (13) y habían anotado una canasta en juego menos (5 a 6) que el asesino silencioso de los Pistons, un jugador extraordinario de una regularidad impecable, capaz de producir en cada minuto que pasa en pista. Esta vez terminó con 24 puntos y vio el último cuarto desde el banquillo entre risas y bostezos. Billups, inoperante en los primeros partidos, parece estar entrando poco a poco en la dinámica de playoffs (20 puntos, 7 asistencias) y uno se imagina a los Magic de Orlando viendo el partido por televisión con un gesto nada tranquilo.

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Sólo por un momento parecieron los Sixers capaces de meterse en el partido. Al comienzo del segundo cuarto se pusieron en 22-34. El público despertó y el equipo comenzó a defender. El problema es que no supo aprovechar los escasos momentos que tuvieron para tensar la cuerda. Su ataque, carente de fluidez, se basó en acciones individuales casi siempre desacertadas. Así, de la bola para reducir la ventaja a diez puntos se pasó a un parcial de 0-7 para acabar con cualquier ánimo de resistencia: 22-41. La impotencia se prolongó durante todo el segundo cuarto hasta que cinco puntos seguidos de Billups devolvieron a la realidad hasta al más soñador del Wachovia Center al borde del descanso (33-51). El segundo tiempo comenzó con 5 puntos de Hamilton (33-56). Punto y final. Toneladas de minutos de la basura y ventajas que alcanzaron los 32 puntos (60-92).

Aún así, el público ovacionó al término del partido a sus jugadores. Era un premio a toda una temporada más allá de las malas prestaciones de este último partido oficial para ellos. Young (7 puntos, 4 rebotes) exhibió su inexperiencia. Iguodala lo intentó, más testarudo que brillante (16 puntos, 7 de ellos desde la línea de tiros libres). Y el partido fue simplemente un infierno para jugadores que han completado con nota la temporada regular, caso de Green (6 puntos) o Miller (11 con 4/16 en tiros). Punto y final con el resultado lógico. Ahora a Detroit le espera una verdadera piedra de toque ante Orlando. Debería preocuparse del ritmo de juego de los Magic, con más calidad individual y mucha más potencia exterior que los Sixers. Y debería preocuparse de cómo parar a Howard sin cargar de faltas su juego interior o agotar físicamente a un hombre tan importante en ataque como Rashedd. En cualquier caso, y al nivel de los dos últimos partidos y medio de esta serie, los Pistons parten como favoritos en una serie que se presenta tremendamente interesante.

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