El silbato de la concordia
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El Pamesa Valencia se enfrenta a un momento tenso en su temporada. En tres días puede hacer todo lo que no ha hecho, o puede pasar a ser el quinto de la ACB. Peligrosa circunstancia si no fuera porque no anda solo en el camino hacia la ULEB. El Joventut será juez y parte del destino de los valencianos y, de igual modo, éstos lo harán con los catalanes. El duelo fratricida nos duele a todos, pero hay algo que nos consuela. Verdinegros y taronjas no juegan en casa, ambos tendrán el desamparo de jugar en casa de un vecino amable, que no señala faltas a los protegidos y que velarán, por encima de colores, porque el baloncesto se juegue con sus normas, entre las que se encuentra, afortunadamente, la picaresca de la que hace gala la 'doble R'.
Admiro, de verdad, la facultad que tienen para exagerar una falta y que los colegiados caigan y la señalen. Me quito el sombrero, ni siquiera los condeno, hacen bien. El problema no es del pícaro, sino de la mano que no lo sanciona. Así que insto a que sigan jugando a ser Lazarillos en un mundo de ciegos, pero hoy no. Hoy a nadie le funciona la picaresca, ni siquiera a los más pillos. Katsikaris y Aíto son lo mismo y eso es de agradecer. El partido será como sea, seguramente tenso, con mucho ánimo de pasar por encima del rival respectivo. Técnicamente, los catalanes están haciendo el mejor baloncesto de Europa, pero los valencianos defienden mejor que nadie en España. ¿Con quién me quedo? Sin duda con la ULEB, que ha traído muy buenos árbitros.



