La convicción de Kansas acaba con el sueño de Memphis
Kansas se convirtió en el rey del baloncesto universitario veinte años después de su último título. Los Jayhawks se impusieron a Memphis en una final increible que los Tigers tuvieron en el bolsillo y no supieron cerrar, lo que les llevó a una prórroga en la que apenas contaron con opciones, frenados por la defensa del ya nuevo campeón y lastrados por el cansancio de sus estrellas, Rose y Roberts.


Larry Brown era uno de los 44.000 espectadores que abarrotaban el Alamodome de San Antonio en la gran fiesta del baloncesto universitario. El mítico entrenador guió a los Jayhawks de Kansas a su segundo título de la NCAA. Corría el año 1988. Veinte después, el menos favorito según muchos analistas de los equipos que se metieron en la Final Four, se hizo con el título después de batir a Memphis en una final que pasará al libro de oro de la competición por su emoción e intensidad: 75-68.
Los Tigers de Memphis partían como favoritos después de dejar fuera en semifinales a UCLA y de llegar a la final con un balance de temporada de 38 victorias y una sola derrota. La segunda cerró las puertas del título a un equipo de baloncesto centelleante: defensa presionante y ataque revolucionado y letal, apoyado en los hombros de Derrick Rose y Chris Douglas - Roberts.
Memphis tuvo el partido en su mano porque supo rehacerse a tres cuartas partes de choque dominadas por Kansas. Los Jayhawks definieron el ritmo del partido desde su colosal defensa. Durante el primer tiempo, dominaron la batalla del rebote y mostraron un baloncesto más fluído y de mayor aportación colectiva en ataque. Memphis,cinco puntos por debajo al descanso (33-28) veía como Rose se quedaba en tres puntos y todo su arsenal quedaba en manos de la desorbitada categoría de Douglas - Roberts (13 puntos al descanso), el único capaz de imaginar fisuras en las titánicas trincheras de Kansas. Nada parecía ir bien para un equipo que nunca, en toda la temporada, había llegado por detrás a un descanso.
Memphis remonta pero falla en los instantes decisivos
Los Jayhawks, espoleados hasta entonces por los puntos de Arthur y Chalmers, se sentían superiores y de hecho lo eran, pero pronto repararon en su gran problema. A pesar de esa sensación de superioridad, la brecha en el marcador era pequeña pese a que habían conseguido que cada ataque fuera un sufrimiento para los Tigers y que a Derrick Rose se le pusiera cara de
novato y se le nublara la vista para dirigir y la muñeca para ejecutar. Sin embargo, el base lideró una caza salvaje de su equipo en un renacimiento que parecía convertirle en el hombre de la final. Del 43-40 se pasó a un 49-56 gracias a que la defensa de Memphis se compactó, a que sus hombres interiores se lanzaron como lobos a por el rebote ofensivo y, sobre todo, a que Rose enlazó 14 puntos casi consecutivos, con algunas canastas increíbles. Con dos minutos por jugar, el partido era de Memphis (51-60) y las cámaras ya sólo miraban hacia Rose.
Y ahí llegó el desastre para los Tigers y la heroicidad para los Jayhawks, cuya remontada formará parte de la historia de las finales universitarias. La clave, cuando parecía que Kansas había firmado la rendición, llegó en una jugada puntual, una de las muchas decisivas en un partido tremendo. Tras canasta de su equipo, Collins robó el balón y anotó un triple que abría
de nuevo la batalla (56-60). Kansas confío entonces en el que es el gran talón de Aquiles de Memphis: los lanzamientos de tiros libres. Ni siquiera Roberts pudo asegurar los puntos decisivos y falló tres tiros de personal que dejaron el choque en un inexplicable estado de nervios para un equipo que lo había tenido prácticamente en el bolsillo. El 12-3 final de Kansas que condujo a la prórroga quedó sellado por un triple espectacular de Chalmers en el último ataque.
El tiempo extra fue una agonía para los Tigers, con Rose agotado y la inercia ganadora en el lado rival. Memphis ya no tenía fuerzas, apenas ánimo. Un triple de Roberts puso la última gota de emoción, pero Kansas sí supo cerrar la puerta a la
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remontada desde la línea de tiros libres (14/15 en todo el partido) y llevar el choque al 75-68 final. Título para los Jayhawks de Darrell Arthur (20 puntos, 10 rebotes), de Chalmers, que dejó 18 puntos y su triple salvador, o del propio Collins, protagonista de algún error de bulto pero agitador al fin y al cabo en la remontada épica de su equipo. Memphis perdió, como había perdido en su única final hasta la fecha, en 1973. Pero dejó pinceladas de su baloncesto, el que alegra
a una ciudad que escapa con ellos de la constante depresión de los Grizzlies. Dejó la categoría, pese a los malditos y decisivos tiros libres, de Chris Douglas-Roberts (22 puntos). Y dejó los destellos de genialidad de Derrick Rose (18 puntos), agarrotado por su inexperiencia durante el primer tiempo y fundido en la prórroga, pero esencial en la reacción de su equipo en el segundo tiempo. Dos jugadores con todo el futuro por delante pero, por ahora, con el sinsabor de que el título de la NCAA se marcha a Kansas, aferrado con fuerza por la mayor convicción de los Jayhawks.



