Nikola Vujcic nos recordó a Sabonis

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Algún optimista en la expedición blanca comentaba antes del duelo: "Aunque vuelva Nikola Vujcic, lleva mucho tiempo sin jugar y andará lejos de su mejor forma". Y lejos estuvo, sí, medio cojo también, moviéndose lo justito... Pero cuando uno mide 2,11 m y exhibe semejante talento, lo demás, los mates, los saltos, las carreras son puro ornamento. Hasta ayer Vujcic había disputado sólo tres partidos de la presente Euroliga, el último hacía más de un mes, pero cuando saltó a pista, entrado el primer cuarto, varió el rumbo de un choque igualado. En nueve minutos hizo seis puntos y cuatro asistencias, cuatro. Nos recordó al lento y dominante Sabonis. El mejor pívot de Europa. Lazaros aguantaría el tirón de inicio. Luego falló tres veces desde la personal y se diluyó. La torre croata, en cambio, agigantó a su equipo, lo elevó a las nubes e hizo que un mal director como Bynum (no el de los Lakers; éste se llama Will y es base) viera el cielo abierto con otro mandando en pista. Él, a lo suyo, a anotar.
Junto a Bynum, los aleros altos -en general todo el perímetro del Maccabi- buscaron las entradas con ahínco. Y el Madrid, acobardado como no se le recordaba con Plaza. Sin ideas en ataque y recurriendo a triples imposibles para arreglar lo que se había roto. Porque los fáciles ya los había fallado. Y del rebote, qué decir: avasallado por Morris (36-25). Al final, 19 puntos abajo, una renta difícil de salvar en Vistalegre. El Real fue a Tel Aviv a amarrar el liderato y regresó pensando en la segunda plaza. Desde ayer la Final Four queda un pasito más lejos. ¿Mañana...? Veremos. El camino es largo.



