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Golpe de mano de los Lakers en Phoenix

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Golpe de mano de los Lakers en Phoenix

Golpe de mano de los Lakers en Phoenix

EP

La victoria de los Lakers en Phoenix, la sexta seguida para los de Phil Jackson, sirvió para legitimar definitivamente el status de aspirante del nuevo equipo de Pau Gasol. Porque llegó en el temible US Airways Center y porque se produjo en un duelo espectacular en el que los angelinos exhibieron su juego en el primer tiempo y mostraron en el segundo personalidad primero y dureza competitiva después para amarrar la victoria. Shaquille tuvo una buena actuación en su debut y Gasol, pese a algunas lagunas, estuvo de nuevo extraordinario en ataque. Pero la gran estrella fue, como corresponde a una noche de las grandes, Kobe Bryant.

Pocos hubieran creído, tal y como se presentaba la temporada para los Lakers, que, tras el parón del All-Star, los angelinos iban a comparecer en el US Airways Center de Phoenix con el liderato del Pacífico en juego. Visto así, por otra parte, absolutamente nadie hubiera imaginado que en ese partido iban a estar Pau Gasol y Shaquille O'Neal. Pero Pau estaba, y los Lakers ganaron, y comparten liderato de División con los Suns (37-17), y se encuentran con sólo dos derrotas más que el líder del Oeste, unos Hornets que dejaron de ser una sorpresa en el mismo momento en el que vaciaron la enfermería.

los Lakers ganaron un partido que se anunciaba como la batalla del Pacífico y desembocó en la madre de todas las guerras, un duelo con olor a munición real, con aspecto de ensayo general para futuros retos, y con demasiados alicientes como para pasar desapercibido. El principal, el debut de Shaquille O'Neal con los Suns, precisamente, caprichos del calendario con los que David Stern se frota las manos, ante Kobe Bryant, el enemigo íntimo con el que antaño construyó una dinastía. El Gran Aristóteles demostró que va a ser mucho más para su nuevo equipo que un amuleto con el que combatir el miedo al cruce de playoffs con San Antonio. D'Antoni enseñó parte del modus operandi a aplicar en las próximas semanas: cuando el equipo corre, Shaq se desentiende. En estático, aparece. Mientras, se dosifica con visitas regulares al banquillo para aparecer en los minutos calientes. Así el pívot completó más de 28 minutos de juego y, tras un inicio discreto, apareció al final para dejar destellos de lo que fue y, en una dosis mucho más concentrada, puede seguir siendo: 15 puntos y 9 rebotes.

Pero los Lakers ganaron, y lo hicieron demostrando que sus seis triunfos seguidos (siete en ocho partidos con Pau) son cualquier cosa menos una simple casualidad. En el primer tiempo marcaron el ritmo del partido con maestría y mandaron siempre. Exhibieron variantes ofensivas, evitaron pérdidas de balón para que Phoenix no pudiera correr y se fueron al descanso con un convincente 57-65 y un jugoso aroma a superioridad. En el segundo lograron algo todavía más importante. Mostraron la personalidad suficiente para resistir todas las embestidas de un rival que lo intentó todo y, cuando el viento amenazó con cambiar de rumbo, expusieron argumentos de valor incalculable: dureza mental y tensión competitiva.

Además, el partido demostró que, cuando todo se tambalea e incluso el triángulo de Phil Jackson se parece más a un sudoku, siempre queda Kobe. Y no hay nada nocivo en ponerte descaradamente en manos de tu estrella cuando la tormenta arrecia. Bryant anotó 42 puntos (16/25 en tiros) y superó a Raja Bell, uno de sus demonios particulares. Comenzó atenazado por el perro de presa de Phoenix y terminó gobernando el partido, anotando en los momentos decisivos con pasión y precisión quirúrgica. Junto a él, Odom volvió a ser el arma silenciosa (22 puntos, 11 rebotes) y Vujacic fue la mejor noticia que llegó desde el banquillo: 15 puntos, algunos en la hora del estoque.

Gasol, por su parte, tuvo una actuación que terminó, entre vaivenes, resultando brillante. Phoenix, con Shaquille y un Amare Stoudemire descomunal (37 puntos, 15 rebotes, 9 de ellos en ataque) sacó a relucir los problemas defensivos del español, que sumó pronto tres faltas y quedó señalado cuando los Suns vivían de su superioridad en el rebote y las segundas opciones que derivaban de ella. Pero en ataque estuvo magnífico. Cuando se emparejó con Shaquille bailó en la media distancia y creció hasta los 29 puntos con los que cerró el partido (13/19 en tiros). Fue determinante en los ataques finales, con el partido en vilo, primero con un 2+1 con mate incluido, después con un gancho de libro (una suerte del juego de la que algo saben en Los Angeles...), finalmente con mano de hierro en los tiros libres y un mate en contraataque que rubricó el triunfo (117-123 a la puertas del último minuto). Al final, balance positivo para Pau, sin que ello impida reconocer que se quedó corto en su zona y que participó poco en una guerra del rebote (capturó tres) que estuvo a punto de costar cara a su equipo.

El partido, en definitiva, fue tremendo, un aviso de las batallas que se avecinan en el Oeste. Nash, algo menos lúcido de lo habitual en la dirección, fue sin embargo un martillo en anotación (26 puntos). Hill se fue a 17 puntos y 10 rebotes, y los Suns llegaron a dar la vuelta en el último cuarto a un 97-105 hasta lograr su primera ventaja desde el primer cuarto (106-105). Era un parcial de 9-0 que volteó el partido ante un público en éxtasis que se olvidó de consultar a Kobe Bryant antes de pasar a las celebraciones. Y kobe opinaba que de ninguna manera. Y con mucho de su parte y un par de esfuerzos a tiempo de Odom y Gasol, el partido tomó su último desvío, directo y sin escalas hacia Los Angeles. Victoria 37 de la temporada. Sin duda, la mejor de las siete en las que ha participado Pau Gasol.