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El Staples se rinde a los nuevos Lakers de Kobe y Pau

Atlanta es hasta ahora el único equipo que ha vencido a los Lakers desde la llegada de Pau Gasol. La venganza de los angelinos no se hizo esperar y llegó en un partido que significó además el debut de Pau Gasol en su nuevo hogar, el Staples Center, y con la camiseta amarilla de los Lakers. Un debut marcado por la exhibición de su equipo (122-93) ante unos desaparecidos Hawks que llegaron a perder de 41 puntos en el segundo cuarto.

<strong>BRILLANTE DEBUT EN CASA.</strong> Gasol brilló en su primer partido como local en el Staples Center y los Lakers aplastaron a los Hawks.
Juanma Rubio
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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El Staples se rindió a los nuevos Lakers de Kobe y Pau...y de Odom, Fisher, Farmar, Vujacic, Radmanovic... Si alguna conclusión se puede sacar de un partido que no tuvo historia y que quedó visto para sentencia en un cuarto, por la vía del cloroformo, es que la llegada de Pau Gasol ha terminado de rearmar moralmente a un equipo que ya de por sí marchaba con paso muy firme. Hay una vibración extraordinaria en el equipo de Phil Jackson, un cóctel de motivación, compromiso, intensidad, confianza, generosidad...pinturas de guerra para quienes creen que hay una opción real de luchar por el anillo.

Por eso los Lakers despacharon (122-93) a Atlanta con una suficiencia escandalosa, con más de dos cuartos para la galería, atisbos de show-time y vítores de un enfervorizado Staples Center, que reicibó a lo grande a Pau Gasol y que no paró de disfrutar en un partido solventado por K.O. en el primer asalto. Atlanta mandó 2-4 con dos canastas de Williams. Lo siguiente fue el 12-4, visto y no visto con una sacudida que no fue un parcial, fue una pista de despegue. Los Lakers soltaron amarres y volaron hasta un 32-14 que, al termino del primer cuarto, tenía a su rival entre estupefacto y aterrado. Si Kobe había empezado mirando de reojo hacia su maltrecho meñique, pronto comenzaron los triples, las penetraciones imposibles, los mates...hasta 8 puntos en ese primer cuarto. Odom, que salió a la pista enchufadísimo, llegaba en esos 12 minutos a 6 puntos y 7 rebotes, más que todos los Hawks.

¿Y Gasol? En su excelente línea como 'laker'. Apenas se permitió unos minutos de toma de contacto antes de poner en marcha la máquina de producir. El resultado al final del primer cuarto eran 11 puntos y Horford, el novato que le amargó en su segundo partido con su nueva camiseta, desarmado y cargado de faltas. Segunda venganza de la noche. Gasol situaría después sus estadísticas en 23 puntos y 6 rebotes, 7/11 en tiros de campo, 9/10 en tiros libres. Y vio el último cuarto en el banquillo junto al resto de titulares. Pero esta mezcla de masacre y entrenamiento que fue el partido también dejó una nueva muesca del mensaje que Pau transmite a voz en grito desde que cambió de camiseta: vuelve a ser Gasol, vuelve a disfrutar, a creer y a pelear en cada jugada.

Y, lo que es más importante, su juego ya no es el del pívot arrinconado de sus peores momentos en los Grizzlies, sino que va recuperando sus mejores valores y ofreció, en pleno festival de su equipo, un buen repertorio para su nuevo público: mate tras remontar línea de fondo, canasta a aro pasado, tiro a media distancia, asistencias al hombre exterior libre de marca, intimidación... Llegarán las noches duras de verdad, seguramente mañana mismo en Phoenix, pero Gasol está respondiendo de forma excelente a su nuevo reto, su equipo le ha recibido como una pieza esencial, y la sinergia generada tiene a los Lakers a mil revoluciones, con cinco victorias encadenadas y un balance de 36-17, a dos triunfos de los Hornets, líderes del Oeste.

Una muestra del estado de excitación, compromiso e inercia positiva que vive el equipo es el segundo cuarto, que se saldó con un parcial de 41-23. Y eso a pesar de que Atlanta anotó tres triples en sus último ataques, uno sobre la bocina de Childress, de lo poco decente de su equipo esta noche junto al joven y prometedor base Law. El marcador alcanzó un brutal 61-27 con apenas 22 minutos jugados, tras canastón de Pau y con el público en pie, en pleno revival del estilo show-time. Una jugada a cambio de mil palabras: Al filo de descanso, con casi 40 puntos de margen, Kobe y Radmanovic presionaron como lobos el saque de fondo de Atlanta. Robo y 2+1 para el alero serbio. Una cuestión de actitud.

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El último cuarto, por supuesto, fue un paseo en el que la segunda unidad de los Lakers tampoco se dejó comer terreno (25-24). Es de sobra sabido el valor para una plantilla de jugadores como Walton o hasta Turiaf, y cada partido es una nueva muestra de la imparable progresión del eléctrico Farmar (12 puntos en 16 minutos). Hasta Coby Karl se permitió un mate y el Staples se rindió a quien ve las victorias de su equipo desde el banquillo pero supo vencer la batalla más importante, la que libró contra el cáncer de tiroides.

¿Y Atlanta? Simplemente no existió. Ni mucho menos es un equipo tan malo como aparentó en la noche angelina. Bibby tuvo un debut horrible, con apenas cinco puntos y lesión. Joe Johnson anotó pero perdió todas las batallas con Kobe (23 puntos) y así sucesivamente, hasta llegar a la impotencia de Horford, Williams y Pachulia ante Gasol y Odom (17 puntos, 15 rebotes). Pero es un equipo que tiene muchas opciones de agarrar una de las últimas plazas que dan acceso al playoff del Este. Una lucha muy distinta a la de los Lakers, que vivirán mañana en Phoenix una batalla temible por el liderato del Pacífico. Allí esperan Shaquille, Nash, Stoudemire, Barbosa...pero, si algo quedó claro en la primera noche de Pau en el Staples, es que los Lakers viajan a Arizona con los miedos olvidados y los complejos en el baúl de los recuerdos.

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