Gana el Este, reina LeBron
El Este se llevó un All-Star Game que tuvo un gran nivel porque tuvo de todo: espectáculo y brillantes acciones individuales durante tres cuartos y un gran final motivado por la igualdad en el marcador. Ganó el Este gracias a la muñeca de Ray Allen y al poderío de LeBron James, elegido MVP y que estuvo a punto de lograr un triple-doble, algo que en el partido de las estrellas sólo ha conseguido la más brillante de todas: Michael Jordan.


El All-Star Game puso un brillante cierre a lo que ha sido un espectacular fin de semana para la NBA y para Nueva Orleans, una ciudad que sigue sufriendo los ecos de la desgracia pero que lucha por volver a sonreir y que, sobre todo, sigue oliendo a jazz, a los recovecos de Bourbon Street y a los colores del Mardi Gras. Ganó Nueva Orleans y, en el partido, ganó el Este (128-134), que mandó desde el inicio y que se dejó capitanear por esa máquina total llamada LeBron James. El alero de los Cavs repitió su MVP de 2006 en Houston y protagonizó algunas de las más espectaculares acciones del partido, entre ellas un mate por encima de cuatro rivales para romper la igualdad (125-127) en los instantes finales. Con 27 puntos, 8 rebotes y 9 asistencias rozó el triple-doble, algo que sólo ha conseguido en un All-Star Game, como no podía ser de otra manera, aquel ángel del baloncesto llamado Michael Jeffrey Jordan.
Ganó el Este por LeBron, y ganó también por Ray Allen, que tras su cambió de acera -de Seatte a Boston- compareció para sostener a su equipo cuando arreciaba la remontada de un Oeste por momentos totalmente salvaje. Con cinco triples, tres seguidos, el escolta se fue a 28 puntos, máximo anotador del partido, y hubiera sido MVP si el choque, hasta entonces, no hubiera orbitado tan claramente en torno a LeBron. El tercer aspirante, Chris Paul, acumuló méritos -16 puntos, 14 asistencias y una exhibición descomunal en la dirección- pero su equipo no culminó una remontada que se gestó con sólo un titular en pista: Tim Duncan. Con el nervio competitivo de Amare Stoudemire, Brandon Roy y el propio Paul, el partido se volteó en el último cuarto tras el dominio permanente de un Este que amenazó muchas veces con el despegue definitivo.
Pero el despegue no llegó, y eso es lo mejor que le puede pasar a un All-Star. Muchos minutos de show y un último cuarto con el marcador ajustado, las defensas que aparecen, el juego en equipo que se recupera y dos constelaciones de estrellas que se retan en impagable batallas: Paul contra Billups, Allen contra Roy, Amare contra Dwight Howard... para entonces, Byron Scott ya contaba sólo con los jugadores más efectivos y apenas dio bola a Iverson y Anthony, la pareja de Denver, a los que no se puede pedir que hagan en el día de fiesta lo que no hacen en su equipo: defender. Anthony, además, quiso ganar sólo todas las batallas y acaparar flashes, y fue el segundo jugador que más tiró a pesar de no jugar más de 21 minutos.
Antes del jugoso desenlace, todo había sido espectáculo. Colección de mates de Howard y James, asistencias de lujo de Paul y Kidd, lecciones de fundamentos de Roy, Pierce o Billups, o la intensidad innegociable de Boozer, al que Jerry Sloan ha enseñado a salir a la cancha a producir y producir y producir...
Por supuesto, las excentricidades y los brindis al sol tuvieron amplio espacio: Kidd aplaudiendo junto al rostro de Iverson para buscar el fallo de 'The Answer', Amare anotando un triple, Ming fallando dos, Duncan jugándose uno a tablero, Rasheed tirando con la izquierda, e incluso dos tiros libres fallados por Ray Allen, un suceso casi paranormal.
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En definitiva, un All-Star Game de muy buen nivel, en el que se sintió la fueza de los que ya son todo y el empuje de los que lo serán, y que ya de hecho son mucho, como Brandon Roy y Chris Paul. Un All-Star Game al que sólo le faltó la presencia del lesionado Kevin Garnett y el brillo del MVP de 2007, Kobe Bryant, cuya presencia fue testimonial por culpa de ese dedo que tiene en vilo a los Lakers.
Y un All-Star, sin duda, con LeBron James como protagonista, con su hambre habitual y su habilidad natural para acapararlo todo. Una nueva victoria del Este que el próximo año, en Phoenix, volverá a jugar como visitante. El listón queda alto, en buena medida, gracias al mágico ambiente de Nueva Orleans, y al sueño de una reconstrucción en cada coreografía de las animadoras, en cada actuación musical, en los ecos coloniales de los decorados...todo impregnado por la, a pesar de las desgracias, inevitable esencia de una ciudad tan especial como Nueva Orleans, la ciudad del Jazz y, por un fin de semana, la ciudad de Gibson, Kapono, Howard y King James. Por un fin de semana, la capital de la NBA.



