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Gana el Este, reina LeBron

El Este se llevó un All-Star Game que tuvo un gran nivel porque tuvo de todo: espectáculo y brillantes acciones individuales durante tres cuartos y un gran final motivado por la igualdad en el marcador. Ganó el Este gracias a la muñeca de Ray Allen y al poderío de LeBron James, elegido MVP y que estuvo a punto de lograr un triple-doble, algo que en el partido de las estrellas sólo ha conseguido la más brillante de todas: Michael Jordan.

<strong>ESPECTÁCULO.</strong> El Este se llevó un All-Star lleno de espectáculo y de emoción en los instantes finales.
Juanma Rubio
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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El All-Star Game puso un brillante cierre a lo que ha sido un espectacular fin de semana para la NBA y para Nueva Orleans, una ciudad que sigue sufriendo los ecos de la desgracia pero que lucha por volver a sonreir y que, sobre todo, sigue oliendo a jazz, a los recovecos de Bourbon Street y a los colores del Mardi Gras. Ganó Nueva Orleans y, en el partido, ganó el Este (128-134), que mandó desde el inicio y que se dejó capitanear por esa máquina total llamada LeBron James. El alero de los Cavs repitió su MVP de 2006 en Houston y protagonizó algunas de las más espectaculares acciones del partido, entre ellas un mate por encima de cuatro rivales para romper la igualdad (125-127) en los instantes finales. Con 27 puntos, 8 rebotes y 9 asistencias rozó el triple-doble, algo que sólo ha conseguido en un All-Star Game, como no podía ser de otra manera, aquel ángel del baloncesto llamado Michael Jeffrey Jordan.

Ganó el Este por LeBron, y ganó también por Ray Allen, que tras su cambió de acera -de Seatte a Boston- compareció para sostener a su equipo cuando arreciaba la remontada de un Oeste por momentos totalmente salvaje. Con cinco triples, tres seguidos, el escolta se fue a 28 puntos, máximo anotador del partido, y hubiera sido MVP si el choque, hasta entonces, no hubiera orbitado tan claramente en torno a LeBron. El tercer aspirante, Chris Paul, acumuló méritos -16 puntos, 14 asistencias y una exhibición descomunal en la dirección- pero su equipo no culminó una remontada que se gestó con sólo un titular en pista: Tim Duncan. Con el nervio competitivo de Amare Stoudemire, Brandon Roy y el propio Paul, el partido se volteó en el último cuarto tras el dominio permanente de un Este que amenazó muchas veces con el despegue definitivo.

Pero el despegue no llegó, y eso es lo mejor que le puede pasar a un All-Star. Muchos minutos de show y un último cuarto con el marcador ajustado, las defensas que aparecen, el juego en equipo que se recupera y dos constelaciones de estrellas que se retan en impagable batallas: Paul contra Billups, Allen contra Roy, Amare contra Dwight Howard... para entonces, Byron Scott ya contaba sólo con los jugadores más efectivos y apenas dio bola a Iverson y Anthony, la pareja de Denver, a los que no se puede pedir que hagan en el día de fiesta lo que no hacen en su equipo: defender. Anthony, además, quiso ganar sólo todas las batallas y acaparar flashes, y fue el segundo jugador que más tiró a pesar de no jugar más de 21 minutos.

Antes del jugoso desenlace, todo había sido espectáculo. Colección de mates de Howard y James, asistencias de lujo de Paul y Kidd, lecciones de fundamentos de Roy, Pierce o Billups, o la intensidad innegociable de Boozer, al que Jerry Sloan ha enseñado a salir a la cancha a producir y producir y producir...

Por supuesto, las excentricidades y los brindis al sol tuvieron amplio espacio: Kidd aplaudiendo junto al rostro de Iverson para buscar el fallo de 'The Answer', Amare anotando un triple, Ming fallando dos, Duncan jugándose uno a tablero, Rasheed tirando con la izquierda, e incluso dos tiros libres fallados por Ray Allen, un suceso casi paranormal.

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En definitiva, un All-Star Game de muy buen nivel, en el que se sintió la fueza de los que ya son todo y el empuje de los que lo serán, y que ya de hecho son mucho, como Brandon Roy y Chris Paul. Un All-Star Game al que sólo le faltó la presencia del lesionado Kevin Garnett y el brillo del MVP de 2007, Kobe Bryant, cuya presencia fue testimonial por culpa de ese dedo que tiene en vilo a los Lakers.

Y un All-Star, sin duda, con LeBron James como protagonista, con su hambre habitual y su habilidad natural para acapararlo todo. Una nueva victoria del Este que el próximo año, en Phoenix, volverá a jugar como visitante. El listón queda alto, en buena medida, gracias al mágico ambiente de Nueva Orleans, y al sueño de una reconstrucción en cada coreografía de las animadoras, en cada actuación musical, en los ecos coloniales de los decorados...todo impregnado por la, a pesar de las desgracias, inevitable esencia de una ciudad tan especial como Nueva Orleans, la ciudad del Jazz y, por un fin de semana, la ciudad de Gibson, Kapono, Howard y King James. Por un fin de semana, la capital de la NBA.

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