Retraso por el Atleti y el pasaporte perdido
El Panathinaikos llegó con una hora de retraso al entrenamiento por el atasco en los alrededores del Vicente Calderón. Obradovic viajó solo, tomó un taxi en Barajas y llegó a las nueve y cuarto de la noche a Vistalegre.

Juraría que ayer por la noche lo había guardado. Estaba todo en orden pero, al llegar al aeropuerto, me he dado cuenta de que no llevaba el pasaporte encima. Por más que he buscado, nada de nada..." A paso rápido, casi de carrerilla, Zeljko Obradovic (9-3-1960, Cacak, Serbia) llegaba alrededor de las nueve y cuarto de la noche al Palacio de Vistalegre, escenario del apasionante Real Madrid-Panathinaikos de esta tarde. Zeljko, el hombre que guió a los blancos a su última Copa de Europa (la de la temporada 94-95, con aquel tándem de miedo integrado por Sabonis y Arlauckas), perdió el pasaporte y no pudo viajar a Madrid con el resto de la expedición. Tuvo que hacerlo en un vuelo vespertino que aterrizó en Barajas a las 19:40 horas. El entrenamiento estaba fijado a las 20:00 horas, así que a Zeljko no le quedó más remedio que tomar un taxi y trasladarse directamente -ahí está la maleta de la foto como testigo- a Carabanchel.
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"Si aquí no necesita pasaporte, ésta es su casa", le dijimos nada más despedirse del taxista. "Ya, pero hasta llegar aquí sí me lo piden, esa es la lástima", reconocía Obradovic, el técnico más laureado del baloncesto continental de clubes: seis Copas de Europa le contemplan, tres con Panathinaikos y una con Partizán, Joventut y Real Madrid. La pregunta ronda al aficionado blanco: ¿Podrá ganar su equipo la Final Four de Madrid? "Tiene conjunto para ello, aunque es una competición muy exigente. Ha formado un gran bloque y ahí tiene un gran mérito el entrenador".
Piropo a Joan Plaza a punto de pisar ya el parquet. Allí esperaba su plantilla, que también había llegado tarde a Vistalegre. Lo hizo con una hora de retraso por el atasco en los alrededores del Vicente Calderón (Atlético-Valencia de Copa del Rey). "Dicen que el tráfico ateniense es horrible, pero esto lo supera", afirmaba un miembro de la expedición griega. Mientras, Zeljko se ponía manos a la obra. De nuevo en Madrid. "Aquí me siento como en casa, pero ha costado llegar".



