Tanto duelo para tan poco premio

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Las batallas del clásico se reproducen como setas, con tanto duelo, más de seis por temporada entre Europa y ACB, se pierde la trascendencia de una rivalidad histórica. El partido del año no ilumina más allá de la semana en la que se disputa, con escasa influencia en el reparto final de los títulos. Urge que la Euroliga modifique su inacabable primera fase -anda en ello, que no se duerma- y cree un formato atractivo, como ha hecho con la Copa ULEB. Una liguilla de 14 jornadas, en la que sólo se eliminan ocho equipos, sobra en un calendario tan saturado y devalúa la competición.
Dicho esto, el Real Madrid no está para regalar nada, aunque no sea el encuentro del siglo. Y así lo ha entendido su afición, que puede llenar hoy Vistalegre por primera vez en la temporada. La Final Four se celebra en Madrid y alcanzarla es uno de los grandes objetivos del club blanco. Lleva 12 años ausente del máximo acontecimiento continental. Un agujero negro que no encaja en su palmarés. El doblete de 2007 (Liga y ULEB) le ha dado fuerzas, aunque difícilmente un equipo que no participó en la Euroliga la campaña anterior alcanza la ronda final. El reto está ahí. Si los de Plaza ganan hoy y terminan como el mejor segundo de los tres grupos, serán cabezas de serie en el Top 16 , evitarán al CSKA y al Panathinaikos y contarán con más opciones de jugar el playoff de cuartos de final con ventaja de campo. Dirán que apuntamos lejos, pero la meta se encuentra tan alta que hay que empezar a escalar desde esta primera fase, aunque se avance poco.



