Sensible, buceador y maestro de ajedrez

Lazaros Papadopulos debutará hoy en partido oficial con el Madrid. El griego es la apuesta blanca para reforzar un equipo campeón. Un pívot de 2,10 m y cerca de 120 kilos, un ogro feroz si se guían por unas apariencias que engañan. Porque en la pista el fuerte de Lazaros es el juego de pies de espaldas a canasta y no la intimidación. ¿Quién lo diría? Y lejos del parqué es un gigante sensible y bonachón, un deportista más inteligente que la media, según nos cuentan en el Dynamo de Moscú, su anterior club. Una de sus pasiones es el ajedrez y quienes se han enfrentado a él aseguran que es un magnífico jugador, capaz de disputar partidas sin mirar el tablero. Su origen ruso, nació en Krasnodar hace 27 años, le ha marcado. Vivió en la Unión Soviética, de donde era su madre, hasta los diez años y en 1990 se trasladó a Grecia, a Salónica, el país de su padre. Ahora está casado y tiene dos niñas, de cuatro y un año.
Tras su paso por el Iraklis recaló en el Panathinaikos. Allí hizo buenas migas con Bodiroga y Johnny Rogers, a los que retaba con éxito en el ajedrez y les regalaba libros de maestros rusos para que perfeccionaran su estilo. Su rivalidad se ha mantenido gracias a internet. Una vez Obradovic les abroncó por llegar tarde a una comida en plena concentración. El tablero de las 64 casillas tuvo la culpa.
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Pero por encima del ajedrez, la gran pasión de Lazaros es la pesca con arpón en las aguas de la localidad griega de Ouranoupoli, cerca de Salónica, junto al Monte Athos, la montaña sagrada, una comunidad monástica con más de mil años de antigüedad. Allí descansa cada verano y aprovecha para bucear y pescar con su bote.
Papadopulos habla ruso y durante el Eurobasket le vimos salir de paseo con media selección rusa. Hace amigos rápido. En el Madrid ya lo sabían, por eso, además de por su talento, le han fichado.



