Baloncesto | Eurobasket 2007

El eñemaníaco ambulante

<b>PALCO. </b>Presidente, el Príncipe, la ministra, el alcalde Monteseirín, el consejero López Viejo. Todos helados.
Juan Jiménez
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
Actualizado a

De piedra.

Así nos quedamos, y es lógico porque no nos lo esperábamos. Pero el destino tiene estas cosas.

Las fotos.

Calderón, semisentado en una de las vallas, miraba al vacío. Garbajosa contemplaba incrédulo cómo Rusia celebraba en el centro del campo la victoria. Los Gasol agacharon la cabeza antes de irse al vestuario. Marc y Rudy se arrancaron las medallas grises y de tristeza que son las de la plata. Y hubo lágrimas, muchas lágrimas, porque este trabajo empezó en julio, en San Fernando, y no merecía un final tan cruel. Hasta la canasta quiso escupir el último lanzamiento con muy mala sangre. Una pena.

Campe-eñes.

Era la leyenda que rezaba en la acreditación que nos dieron al descanso para ir a la celebración en Colón. Como suele pasar con estas cosas, gafe total.

Son campeones.

Y ganadores, claro que sí. Hubo mucha crueldad en la derrota porque era en España. Pero esto es una plata después de un oro en el Mundial. Estos tipos han soportado la presión con el carácter de los gladiadores. Sólo tuvieron unos minutos oscuros, nada más.

David Blatt.

Le traemos a este espacio porque ha sido el entrenador y casi el hombre del campeonato. "Ahora sé por qué os llaman perdedores. Y a mí también", les dijo el verano pasado cuando perdieron en ¡Bélgica! un partido en el Pre-europeo. Desde entonces han progresado, querido y ganado. Son justos campeones y Kirilenko, un grande.

Holden.

Que fuese él quien hiciese la canasta ganadora es un símbolo de cómo cambian los tiempos, se rompen las reglas y los estereotipos. Fue una canasta social.

Cabellos.

Se los mesaba Pepu, pensando qué había fallado. Seguramente hubo algo, pero no es el momento ni la hora. Y, si lo hubo, tampoco debió ser tan grave cuando rozamos el título.

El silencio.

Sólo eso, y los acordes de una versión triste de Somewhere over the Rainbow, quedó mientras escribíamos esto y el Palacio se vaciaba. Una sensación que corta el cuerpo, como cuando se acaba el verano del quinceañero que ha conocido a su primera chica, como cuando se te va tan lejos algún ser querido. Pero siempre hay algo bueno por llegar.

Polonia. Allí será el Eurobasket, a miles y miles de kilómetros. Ganaremos allí porque somos así de chulos. Esperemos que sientan tan lejos el mismo respaldo que aquí. Lo merecen.

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Triste despedida.

Repetiremos o no, eso ya lo veremos. Para el Eñemaniaco fue un placer porque siempre tuvo la sensación de que era uno más de la masa que luchó con ellos por el oro. El final no es el que escribí. Son las cosas de la vida.

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