El eñemaníaco ambulante


Arriba los corazones.
Porque ayer casi nos estallan. Tocó sufrir, tener buen pulso, templar los nervios. Pero así sabe mejor.
No en mi casa.
Los griegos nos llevaron a su terreno, hay que admitirlo. Masticaron bien el partido y procuraron en lo posible sacar de quicio a los nuestros. Spanulis, además de ser un fenómeno, estuvo todo el partido haciéndole cosquillas a
Navarro y a Rudy.
Pero le paramos los pies a tiempo. Está bien que en Grecia nos quiten la cartera cada vez que vamos, pero aquí hubiese sido demasiado. Aun así, felicitaciones por su trabajo. Grande Hellas.
El número seis.
Al fin, la afición, que tuvo seria competencia en los griegos pero que ganó por mayoría aplastante.
Nadal.
Entre los animadores, por supuesto, el mallorquín, que aplaudió con casta cada canasta de su amigo Pau. Y tuvo que levantarse unas cuantas veces porque Gasol no da respiro. A Nadal no se le vio imitar a nadie, pero tampoco invitó a su palco a Nole Djokovic.
Navarro.
Juega como un juvenil, con una alegría que nos desborda. Cómo se puede tener tan poco miedo al peligro, a la desgracia que es fallar. A Navarro no debieron enseñarle qué es la responsabilidad. Hicieron bien.
Chris Wallace.
Dícese del manager general y vicepresidente de los Grizzlies que ha tenido bien pagarle a Navarro uno de los diez contratos más bajos de la NBA. El año que viene, cuando sea agente libre, la Bomba se lo tendrá que recordar.
Adivinos.
"Itu, si aciertas te damos un jamón", rezaba una pancarta. La verdad es que el hombre es bastante flojito en el asunto de los pronósticos. Dijo que se jugaba la casa a que Grecia no pasaba de los 60 puntos contra Eslovenia y no sólo consiguió que sobrepasasen la cifra sino que además ganaron el partido. Ánimo y a mejorar.
Macael.
Vinieron sin mármol y obviaron que el Almería jugaba en el Bernabéu en favor del baloncesto. No había pancarta más llamativa en el pabellón.
Mil ojos.
Hoy no habrá que estar pendiente de nuestro futuro rival, de diferentes partidos secundarios. Hoy sólo tenemos ojos para la final del Eurobasket, a la que España ha llegado siendo favorito. Y ya sabemos el mérito que tiene eso de cargar con la responsabilidad y pensar lo dura que será la caída. Felicidades
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Eñemanía.
Será, probablemente, nuestro último día, pero esta sensación que es la Selección de baloncesto no tiene pinta de parar en unos cuantos años. "Algunos se preseleccionan para 2010", apunta Sáez. De momento, tener la oportunidad de disfrutarla aquí en Madrid es para sentirse afortunado.



