Emiliano Rodríguez

"Este equipo forma parte de nuestras vidas, de nuestras ilusiones"

El gran Emiliano Rodríguez (San Feliz de Torio, León, 1937) forma parte del Hall of FameFIBA del baloncesto desde hace unos días, en justo reconocimiento a su gran talentoque le llevó a ser uno de los mejores jugadores del basket español en toda su historia.

Emiliano Rodríguez.
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Lo primero, felicitarle por su llegada al Hall of Fame. ¿Emocionante, verdad?

Muchísimo. Fue un instante que resume tantos recuerdos de una vida dedicada al baloncesto. No está al alcance de todos formar parte de ese club y la verdad es que nunca imaginé que yo iba a estarlo. Mi recuerdo y agradecimiento a todos mis compañeros en el Madrid y en la Selección que me ayudaron a llegar a cotas tan altas. Y a Pedro Ferrándiz, claro. ¡Este hombre es El Conseguidor!

¿Cómo empezó todo?

Empecé jugando en Bilbao y un día me fichó el Aismalíbar, equipo que ya desapareció y que tenía su sede en Montcada i Reixach, al lado de Barcelona. Estuve dos años y me fichó el Madrid, el paso de mi vida.

Corría 1959. ¿Cómo era el Aismalíbar, aquel baloncesto, aquella España deportiva?

En un montón de deportes estábamos empezando. Uno de ellos, el nuestro. ¡Ah, aquellas canchas descubiertas!

Si llovía, mal asunto.

Fatal. Eran los inicios, claro. La misma ropa deportiva, las canastas de madera

La mesa de los anotadores.

Sí, todo pertenece a una época que ahora nos parece lejanísima. Y los viajes Era otra España, otro mundo.

Cuéntenos más cosas de aquel Aismalíbar.

Era un equipo entrañable, con gente que jamás olvidaré. Yo estaba en el baloncesto vizcaíno, pero las potencias eran Cataluña y Madrid. Los que manejaban entonces nuestro deporte consideraron que me iría muy bien fichar por aquel equipo que diría Kucharski, pues mejoría en todo. Fueron dos años magníficos, al lado de gente con la que mantengo lazos de amistad. Aprendí los mejores fundamentos del baloncesto y conocí a mi mujer, (Josefina), la madre de mis hijos, que siempre estará en mi memoria. Era catalana, de Barcelona y de origen vasco. Y, bueno, Aismalíbar era una empresa de filamentos eléctricos, cuyo apoyo al baloncesto de entonces fue muy importante. El equipo llegó a ser finalista de la Copa de España y también de la de Cataluña.

Acabando los 50 había Copa de Cataluña

En efecto. Estaban el Orillo Verde, de Sabadell, el Joventut, el Picadero, el Barcelona, el Espanyol Cataluña siempre vibró alrededor de la canasta, en muchísimas localidades. Porque luego llegaron el Montgat, el Manresa, el Pineda donde apareció Buscató. Entonces había excelentes jugadores, como los hermanos Alfonso y José Luis Martínez, Lluís Cortés, Nadal, Parera, Brunet Al poco tiempo llegaron los primeros americanos. Recuerdo a Jorge Cuello, un portorriqueño extraordinario.

¿Qué partido recuerda con especial emoción?

El primero, cuando nos proclamamos campeones de Segunda con el Águilas de Bilbao. Y todos los títulos con el Madrid, claro. Que no fueron pocos: doce Ligas, nueve Copas, cuatro Copas de Europa La primera conquista de cada campeonato es inolvidable, sobre todo en la Copa de Europa, pues ganamos por primera vez a los grandes del Este como aquel TSKA de Moscú.

¿Qué piensa cuando ve al yanqui Holden dirigiendo el juego ruso y a un técnico norteamericano en el banquillo?

Pues que cómo ha cambiado el cuento Es que la evolución ha sido total, en la técnica, en la condición física y en las idas y venidas de las personas por el mundo. Lo de Holden en mi época era impensable.

Para evolución, la de nuestro baloncesto.

Ha sido espectacular. Mucho se ha hablado estos días del bajón que sufrió tras la plata del 84 en Los Ángeles. Digo yo que fue en cuanto a popularidad, pues no se acertó en su implantación televisiva. Pero el trabajo de base, tanto a nivel federativo como de clubes, no se detuvo. Y cuando hay esfuerzo, disciplina y ganas de mejorar, se prospera.

¿Qué opina de la presencia masiva de extranjeros en nuestra Liga?

Bueno, y en la de todos. Creo que la llegada de extranjeros ha ayudado a que nuestros jóvenes crecieran de manera espectacular. El roce con gente más fuerte y más completa es impagable. Aquellos primeros americanos y los que les precedieron tienen mucho que ver en que hoy tengamos un Gasol, un Navarro, un Garbajosa, un Felipe En mi caso, la llegada de Luyk fue mágica. Vino con una técnica y una formación que nos estimulaba para tratar de ponernos a su nivel. También Burges. Y después, ¡qué sé yo!, Slavnic en el Joventut, Norris en el Barcelona, muchísimos.

Para los más jóvenes. Usted sería hoy la 'Bomba'. Navarro, digo.

¡Ja, ja! Yo era intuitivo, rápido y con una cierta capacidad para el tiro que me hacía destacar. Recibía muchos balones y trataba de aprovecharlos. Y practicaba muchísimo el tiro. En este aspecto, Buscató, amigo, cómplice, tanto que compartimos partido de homenaje y despedida. Él marcó una época: ¡qué bien tiraba! Pero, vamos, españoles buenísimos los hubo siempre. Cabrera, Vicente Ramos, Corbalán, Solozábal fue importantísimo, qué decir de Epi, de Brabender

Y Fernando Martín.

¡Cómo no! Era determinante bajo los tableros y tenía un gran espíritu de lucha. Fue el primero que se acercó a la NBA. Sí: nuestro primer proyecto de Gasol fue él. Pau ha superado todos los hitos habidos y por haber en un jugador español. El mejor de todos los tiempos y, además, le acompaña una gran calidad humana, es un compañero excelente Es completísimo.

¿Por qué el jugador de baloncesto parece distinto a los demás, aunque en ese 'los demás' siempre pensemos en los futbolistas?

Lo da el ambiente de nuestro mundillo, en los colegios, en los clubes Ahí se tiene muy en cuenta a la persona. También el fútbol se está incorporando a esta idea. No creo que seamos tan diferentes. El baloncesto tiene altos conceptos de solidaridad, de respeto al adversario, de tener claro que no todo es ganar. En el tenis, el atletismo, hay grandes ejemplos de esto: disciplina, trabajo, entrega, educación El deporte es cultura.

Hemos citado a Ferrándiz. Punto y aparte, ¿verdad?

Eso es. En su época marcó un estilo; se empapó del baloncesto en profundidad y lo supo transmitir a dos y tres generaciones. Fue un número uno y sigue. Su Fundación es admirable, ese Hall of Fame, tantas cosas. Es un luchador que tiene claro aquello de que quien la sigue, la consigue.

Este Eurobasket es también un homenaje a tanto club español como ha luchado, lucha y luchará por el baloncesto.

Por supuesto. El trabajo sin desmayo del Joventut y, además, ganando campeonatos en todas las categorías. De Estudiantes, del Barcelona y del Madrid. ¡Tantos y tantos clubes que ponen su granito de arena! Y sin olvidar el trabajo en las capitales de provincias y pequeños que han logrado que nuestro deporte sea respetado aquí y en todo el mundo.

El día de su entrada en el Hall coincidió con leyendas de la canasta. ¿Quién ha sido el mejor jugador que ha visto?

¡Uff! He visto tantos que elegir a uno es imposible. Me agradó especialmente reencontrarme con el brasileño Amaury Pasos, con el que coincidí en la Olimpiada de Roma 60. Fue un jugador extraordinario. En América, quizá Jerry West, el jefe de Gasol en Memphis, fenomenal. Le hablo de gente de mi época, no me olvido de Michael Jordan, por ejemplo. En Europa, el serbio Ivo Daneu fue un fuera de serie. Dino Meneghin, el gran espejo que fue Serguei Belov, el ruso

¿Se atrevería con el cinco ideal de Emiliano?

Luyk, Belov y Meneghin estarían siempre. No podría olvidarme del ruso Alexander Andreev ni de Sandro Riminucci, un italiano que quizá no esté en nuestro recuerdo popular, pero que fue magnífico. Y Epi. Y Corbalán No sería justo hablar de un cinco ideal, habría que plantearse muchos más.

Y esta noche, la final.

Pues sí. Qué excitación.

Total.

Es que este equipo engancha muchísimo. Tienes la seguridad de que vas a pasártelo bien viéndole jugar y, además, irradia una simpatía, una capacidad para hacerte cómplice de todo lo que les sucede. Luego se puede ganar o no, pero estos muchachos han conseguido algo más importante que un título: que los queramos todos, que cuando juegan esté toda España a su lado. Claro que tiene que ver la calidad, el oro de Japón, su presencia en los mejores equipos de aquí y en la NBA. Pero el talante de todos hace que nos sintamos muy cercanos a su vida.

También a la de Pepu.

Es el compañero ideal de este grupo, pues desde unos conocimientos muy grandes del baloncesto ha sabido incluirse en el grupo, ser el responsable desde la normalidad.

Un jefe que no molesta.

Eso es. De ahí que estemos todos esperando esta noche para verles ganar, porque ganamos todos.

Si pierden les querremos igual.

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O más. Pase lo que pase les acompañaremos en los Juegos de Pekín y allí donde estén. Este equipo forma parte de nuestras vidas, de nuestras ilusiones. No es fácil conseguirlo.

Ya.

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