Eurobasket 2007 | Un mito de la NBA en Madrid

El hombre que tuteó a 'La Gran Osa Mayor'

Bill Russell, con los Celtics.
Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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Hubo un tiempo en el que los Celtics eran intocables, en que la NBA asistía perpleja al dominio de unos jugadores de blanco y verde que hacían de Boston la capital USA. Al frente de ellos destacaba un larguirucho llamado Bill Russell (12-2-1934, Monroe, Louisiana), rey de los tableros y el único que fue capaz de plantar cara a un monstruo apodado Big Dipper (La Gran Osa Mayor), Wilt Chamberlain, que aterrizaría en la Liga tres años después (1959). "Teníamos que jugar contra los Celtics de 11 a 13 veces por temporada. Y si no es bastante, teníamos otros siete partidos más en playoffs, si se alargaba la serie. Así que tenía la ocasión de ver a William Felton Russell mucho más de lo que hubiera querido", comentó en su día Chamberlain. Russell está considerado el mejor pívot defensivo en la historia de la NBA. Él se agarra a la célebre frase que dice que "el ataque gana partidos, la defensa, campeonatos". ¿Cierta?

Sin embargo, sólo una vez fue incluido en el mejor quinteto defensivo de la Liga (1969). Su figura se agigantaba en un equipo con perlas como Bob Cousy, Bill Sharman o John Havlicek. Los Celtics eran una filosofía, una forma de hacer baloncesto, un carácter irremediablemente ligado al orgullo irish que se respira en Nueva Inglaterra. Bill jugó 13 años en Boston y los anillos de campeón (el primero en 1957 y el último en 1969) no le caben en las dos manos: tiene once. Llegó a capturar 51 rebotes en un partido, promedió la friolera de 22,5 por partido (y 15,1 puntos). Oro olímpico en los Juegos de 1956, hall of famer, un histórico de aquel Boston Garden en el que el humo lo ponían el aplauso de los espectadores y el puro de Red Auerbach.

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