Sáez: "No vale el talento si no hay compromiso"
Por situarlo en el mapa, España cruza el Ecuador de su Eurobasket con la íntima certeza de saberse la mejor, pero también con los nervios del cruce de cuartos, la gran frontera. José Luis Sáez, presidente de la FEB, explica en las tertulias del Asador Donostiarra que la cosa pinta bien.

Esta Selección de baloncesto viene a ser el primer equipo nacional que uno recuerda en el que no se pone el sol, una potencia hegemónica de verdad, con aire de invencible sin presumir, campeona del mundo y con una derrota (por un punto, ante Croacia, el pasado miércoles) en sus últimos 31 encuentros. Un equipo al que el presidente de la Federación, José Luis Sáez Regalado (Badajoz, 1960), ha visto pasar de la adolescencia a la madurez con entusiasmo: "No podía adivinar que serían campeones mundiales, pero sí que resultarían jugadores extraordinarios. Yo llegué a la Federación en el 98 y me autoimpuse una filosofía: 'No dejes que nadie diga que es mejor que tú'. Yo no hubiera permitido, por ejemplo, que la Selección se hubiera hecho una fotografía con un adversario antes de los Juegos Olímpicos del 92 (con el Dream Team). Cuando se celebró el sorteo de Japón dije que me veía peleando por el oro. Y los jugadores fueron aún más imprudentes que yo. Y es que esta Selección es ambiciosa desde el respeto, y heredera de un espíritu que trajeron los Alfonso Reyes, Herreros, Orenga o Nacho Rodríguez, quizá con menos calidad que éstos pero con la misma vocación de hacer equipo".
Equipo, sustantivo que para Sáez está por encima de la mejor generación de jugadores de la historia: "Los nuestros son muy buenos, pero también lo son los rusos. ¿Y Parker, elegido MVP de los playoffs de la NBA? ¿Y Nowitzki, mejor jugador de la Liga regular? ¿Y los jugadores que tuvo Estados Unidos en Japón? Un equipo es capacidad y talento, pero necesita compromiso, relación y cercanía. No vale un jugador con talento si no está verdaderamente comprometido".
En cierto modo entiende Sáez que la Selección se ha reconstruido sobre el hermoso proyecto del 84 y aquella plata olímpica tan desaprovechada: "El baloncesto quiso equipararse al fútbol y eso fue un error. Nosotros perdimos la esencia de deporte amable, cercano, de gente que siempre quiso cultivar su formación". Él no lo dice, pero se intuye que entonces tomó lo peor del fútbol, una cierta propensión a dramatizarlo todo, a ponerle cara larga al mundo antes y durante la gran competición: "Hemos intentado que se respete la privacidad del equipo y no interferir en el trabajo, pero desde la normalidad, porque sin ella el baloncesto no estaría en el centro de esta tertulia. Para soportar concentraciones tan largas como la que hemos llevado a cabo nosotros hay que humanizarlas. No puedes tener mes y medio a un grupo desayunando, comiendo, cenando, durmiendo y entrenando junto en un sitio aislado del mundo exterior. Eso acaba mal. En sus ratos libres los jugadores necesitan salir a cenar fuera, ir al cine o al teatro. Ellos son profesionales porque no hay otra fórmula para competir. Y son los primeros interesados en cuidarse. Y ese ambiente que se respira dentro no es forzado. El otro día un jugador me decía que la buena relación en el equipo nace desde la naturalidad. Y es que todos son personas normales, con cabezas bien amuebladas y entornos personales maravillosos. El título mundial no les ha cambiado".
La españolía.
Un larga defensa del jugador español que no se traduce luego en las plantillas de la Liga ACB: "Yo estoy a favor de que vengan grandes jugadores. Los Norris, Bodiroga o Djordjevic ayudaron mucho al baloncesto español. Lo que pasa es que a veces se buscan fuera mediocridades. Y yo me pregunto: '¿Cuánto había jugado Gasol cuando se marchó a la NBA?'. Se ha estigmatizado al jugador español como poco trabajador cuando es todo lo contrario. Si hay problemas el de fuera tiende a huir de ellos y el de aquí a tirar del carro". "El baloncesto necesita cambios pero no soy yo el que debe decir qué hay que hacer. No quiero que nadie se moleste. Lo que sí digo es que el éxito de la Selección no es de su presidente, ni de los jugadores, ni de su técnico. Es de todos". Un mensaje corto para un debate profundo, las pobres audiencias en la ACB. Sáez finta la polémica por extemporánea.
Campo atrás y vuelta al precampeonato: la operación Garbajosa. "Yo hice la primera llamada a la Mutua. Se me encendió una bombilla. Pasamos 30 horas sin dormir, pero ésa es mi obligación (segundos antes Sáez confiesa abiertamente que es presidente profesional y revela su sueldo, 130.000 euros anuales). Y lo hice porque la voluntad del jugador fue luchar hasta el último día. Sin su voluntad no hubiera sido posible nada. Y también porque el seleccionador me dijo que era importante. A las cinco de la madrugada del último día le dije a Jorge que jugaba. Y a las nueve menos diez de la mañana me llegó un correo en que se cambiaba una cláusula. Entonces no tuve el valor de decirle que estaba fuera. Yo convoqué a la Prensa a las 12:30 y no salí hasta una hora después porque faltaban cláusulas por redactar. De hecho y a pesar del anuncio oficial de que jugaba, yo no recibí el OK de Toronto hasta las 18:30. Hubo un pequeño riesgo de quedarnos con once, pero el porcentaje de posibilidades de éxito era amplio. Sólo a Carlos Sainz se le paró el coche una vez a pocos metros de la meta...". "¿Y Pepu?", plantea un contertulio, con cierto sentimiento de culpabilidad por haber consumido tantos minutos sin hablar del técnico. "Pues Pepu está aquí porque es un magnífico entrenador de baloncesto, aunque su figura se haya difuminado en otros valores, como la capacidad para dirigir un grupo o gestionar recursos humanos. Encaja en la filosofía y tiene autoridad sobre los jugadores".
Los palcos.
Durante la tertulia Sáez soporta un bombardeo de llamadas, casi todas cargadas de peticiones de entradas: "El éxito tambien es un problema. Es verdad que los palcos de prensa y los palcos vips quitan ambiente, pero aquí la Federación lo hace todo a pulmón. Las instituciones ayudan y organizan y nosotros tenemos que aceptar esta situación porque si hay un déficit lo asume la Federación. Y también es importante el glamour. En el Palacio habrá más colorido, pero recuerdo que hace diez años hubo aquí un Europeo y los pabellones estaban vacíos". Toca defender. Han chispeado acusaciones de sobrecarga de compromisos institucionales o mercantiles para la Selección, distracciones peligrosas: "No es así. Antes de llegar a una sede hemos tenido un acto y visitamos Central Lechera Asturiana. La presidenta de la Comunidad de Madrid vino a vernos diez minutos después de un entrenamiento. No se ha alterado ningún programa. Lo que pasa es que el primer patrocinador del evento son las instituciones y qué menos que dar un protagonismo a quienes las representan. Se han pagado muchos millones para que se juegue este Eurobasket aquí. También nos pidió Interior que presentáramos el nuevo DNI y no se puede decir que no viendo el esfuerzo impagable de las fuerzas de seguridad".
Hoy, Israel. Y después los cuartos, que los carga el diablo: "Yo lo paso fatal los días de partido. Procuro comer con un círculo muy reducido de personas y me trago el sufrimiento. Pierdo entre dos y tres kilos. Soy muy supersticioso. No hablaré de semifinales hasta que no ganemos en cuartos y menos de la final o de posibles celebraciones. He visto tantas cosas en esto... En cualquier caso nunca habrá fracaso. A este equipo es imposible recriminarle nada".
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Transición rápida al futuro. Primero el suyo: "Llevo diez años muy duros aquí y no sé si seguir a partir de 2008, aunque yo sólo sé ser presidente de la FEB. Es lo que siempre quise ser y no tengo ninguna habilidad para hacer otra cosa. Y tened claro que si no me presento tampoco aspiraré a la FIBA. Lo que sí me gustaría es que España luchara por el Mundobasket de 2014". Luego, el de la Selección: "Están comprometidos. A mí ya me hablan de 2010. Algunos hasta se han autoseleccionado. Y luego viene una gran generación, con Claver, con Ricky Rubio, con Aguilar. Son muy buenos entre los de su edad. Pero los demás tampoco se quedan atrás. Los serbios vienen de ganar cuatro oros en selecciones inferiores. A partir de ahora, con la igualdad que hay, ningún país mandará mucho tiempo".
Sáez ha salvado bien el eslálom de comparaciones con el fútbol con una estrategia sencilla: no hablar de él. El silencio no ofende. Sólo el Betis, su Betis, le saca de tablas: "Fui socio y lo pasé fatal en el último partido de Liga. Había gente que decía que se arreglarían mejor los problemas descendiendo, pero yo no quiero nunca un Betis en Segunda. Bendito partido aquel de El Sardinero". Y como despedida, un pronóstico-guiño al ángel caído, Sergio Rodríguez: "Acordaos. Tendrá su momento en este Eurobasket".



