Si hay una URSS, esa es España

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Los que crecimos en la década de los ochenta, al mismo ritmo que lo hacía el baloncesto, disfrutamos ayer viendo a una Rusia poderosa. Nos recordó una época brillante de nuestro deporte, la del primer bum de la canasta. Pero disfrutamos todavía más con la victoria de la Selección, con esta segunda edad de oro. Porque más allá de detalles, de partidos buenos o regulares, disponemos de un equipo de ensueño que tardará años en repetirse; y, quizá, nunca lo haga. España depende exclusivamente de ella. En un día malo, sin intensidad máxima, puede haber revolcón: Croacia nos lo dio el miércoles pasado en Sevilla. En un partido con ángel somos IM-PA-RA-BLES. Eso es presión añadida para los jugadores, que saben desde hace meses que el oro está en sus manos, que otra cosa nunca sería un fracaso, pero sí una decepción. Que es lo que pide la gente, que es lo que sueñan ellos cada noche. Que son los mejores y pese a todo deben mantener los pies en el suelo durante el campeonato, porque arriba, en la nube, sólo hay lugar para la caída. Ahí anda la Selección, embarcada en una cruzada que acabará el domingo.
Resta mucho sufrimiento por delante, pero la sonrisa perenne de Lolo Sainz en la grada del Madrid Arena era reveladora. Cuando él jugaba la Unión Soviética se asemejaba a un gigante bicéfalo con cuatro brazos. Ganó todos los títulos desde 1957 a 1971, ocho seguidos. Ayer, claro, Lolo sonría, porque, si hay una URSS en el Eurobasket, esa es España.



