"La Selección de fútbol es una ilusión en la que creer"
Por este programa, conducido por Antonio Oliver, emitido en Localia, han pasado 52 personajes para hablar de este deporte. Hoy, el presidente del baloncesto, José Luis Sáez.

¿Qué siente cuando, después de ganar un Campeonato Mundial de baloncesto, todo el mundo le pregunta por qué el fútbol no gana nada?
Lo primero que intento es huir de esa pregunta. Hay que tener unos conceptos claros, una forma y un estilo de vivir lo que es el mundo de la Selección. Quizás nosotros en baloncesto lo podemos hacer porque no tenemos la presión mediática que soporta el fútbol y logramos desarrollar nuestro trabajo como realmente queremos. Luego hay que tener talento, capacidad y un poquito de suerte. No sé si todos estos ingredientes se pueden dar en el fútbol, lo que está claro es que hasta el momento no se han dado.
Sin embargo, la Selección de baloncesto se cargó de presión señalándose como una de las favoritas para ganar el título...
Aquella era una ambición desde la modestia y la seguridad. Es posible que la competición te ponga quinto u octavo pero nosotros pensamos que podemos ser los primeros. En relación con esto siempre cito una frase que llamó mi atención en un restaurante temático de la película Forrest Gump: "No dejes que nadie diga que es mejor que tú". Lo que nunca admitiría bajo mi mandato es que los jugadores se fotografiaran con las estrellas de la NBA, como sucedió en el 92. Eso significaba admiración y en un partido, derrota segura. Catorce años después, en un podio del Mundial, nosotros estábamos por encima de ellos. Lástima que no se diera esa imagen en la que los mitos de la liga americana fueran superados por chavales cuya única seña de identidad es la normalidad absoluta.
¿Cómo se construye anímicamente un grupo al que se va a exigir lo máximo?
Lo primero es esa normalidad. A veces las cosas son mucho más sencillas de lo que parece. Lo único que piden las personas que tienes enfrente y con las que te relacionas es que las respetes. A partir de ahí lo que se genera entre ambas partes es confianza. En esa confianza y en la lealtad que hay en esos territorios en los que cada uno se mueve, el territorio de los jugadores, el de los directivos o el del entrenador, cada cual cumple una función. Si uno asume la suya y ninguno nos engañamos, al final hay muchas posibilidades de conseguir los objetivos, al menos los que se puedan. Si alguien es mejor que tú es posible que te gane, pero lo que está claro es que nosotros siempre vamos a competir al límite y que cualquier circunstancia que afecte al equipo la vamos a incorporar a lo positivo, jamás a lo negativo. El grupo ha superado muchas adversidades, entre ellas la baja de Pau Gasol en la final y la muerte del padre del entrenador en esa misma fecha, eso hizo a la selección mucho más fuerte.
¿Qué diferencia fundamentalmente, además de lo obvio, al jugador de fútbol y al de baloncesto?
Creo que la diferencia no está en el deportista sino en el entorno, que aleja al futbolista y le crea una distancia que no es buena. Cuando te distancias de la sociedad, seas periodista, jugador de fútbol o político, cometes errores, te equivocas. Al final conducimos al futbolista a que se distancie. Unas veces son sus asesores, sus agentes, los propios medios de comunicación, los amigos, los clubes. Les diría, desde la reflexión, que evitarán ese alejamiento. Deben ser conscientes de que, pese a todo, la sociedad les demanda que sean cercanos. Los primeros referentes que tenemos en España, por su atracción directa sobre el gran público, son los futbolistas. Son personas imitables y creo que si llegaran a entender lo que su imagen significa, estarían dispuestos a colaborar, de hecho la mayoría lo hace. No hace falta que los futbolistas se vayan muy lejos para hacer tareas sociales y ayudar. Muy cerca de nosotros hay grandes carencias y mucha necesidad, situaciones que personas influyentes como ellos pueden, en cierta medida, paliar. Deberíamos cuidar más a los futbolistas, por su influencia y su repercusión, para que sean más sociables y mucho más cercanos.
¿Cómo explica el tirón de la Selección Nacional de Fútbol pese a no ganar nunca un título?
La selección nacional de cualquier deporte vertebra a un país, lo une y hay muy pocas cosas que unan. La gente quiere ilusionarse, vivir de una ilusión. Las selecciones ilusionan y unen. La selección de fútbol es todavía esa ilusión a la que no deseamos renunciar. Siempre esperamos en nuestro corazón que el equipo nacional de fútbol nos dé una alegría. Cuando estemos ante la disputa inminente de una Eurocopa o de un Mundial volveremos a pensar que nuestro equipo va a ser campeón, que esta vez será posible celebrar un gran triunfo del fútbol. Los que pertenecemos a otros deportes lo que deseamos al fútbol es que siempre esté arriba.
¿Se está "futbolizando" la afición del baloncesto?
En algunos aspectos me encantaría. Me gusta ver en un recinto deportivo cincuenta mil personas animando a su club de toda la vida, identificadas con sus colores. No me gusta la violencia que generan unos cuantos, pero no dejan de ser eso, unos cuantos, y no se puede identificar a toda una afición por un grupo. A mí me gustaría para el baloncesto, a veces, esa presión del fútbol. Me encanta, primero, que la gente sea educada, porque la educación y la pasión no son incompatibles, no son términos que se excluyan. No se puede pasar de la pasión a la violencia. Cuando se vive una gran pasión sin sobrepasar ese límite, el deporte es maravilloso. En baloncesto ha habido ejemplos negativos por la presencia de personas que no eran aficionadas al baloncesto, eran aficionadas a la victoria y eso siempre es un error.
¿Por qué el público que abarrota un recinto deportivo permanece impasible ante la acción violenta de los alborotadores?
Ese comportamiento es un reflejo social. Hemos visto en más de una ocasión como la sociedad en general o las personas en particular, ante una situación conflictiva han preferido mirar hacia otro lado. Hay un grupo social que va a un estadio a divertirse y a pasar un buen rato, con todo el derecho del mundo. Pedirles a esas personas no sólo que repudien, que seguramente lo hacen, sino que pasen a la acción para contestar a los violentos, es muy complicado Parece como si la violencia nos estuviera ganando y no debemos permitirlo, no debemos tirar la toalla. Hay muchos métodos para luchar contra eso, métodos preventivos y también coercitivos. Una sociedad debe utilizar a veces los métodos coercitivos para ser libre. En los campos de fútbol habría que tomar medidas para que la mayoría pueda ver tranquila el espectáculo.
¿A usted le gusta el fútbol o que gane su equipo?
Me gustaría que mi equipo ganara dando espectáculo pero eso, desgraciadamente, no es posible. Espero que lo sea muy pronto. Soy del Betis y del Real Madrid. El Betis me ha dado una mala temporada y, curiosamente, uno de los partidos en los que más he disfrutado, como espectador de fútbol, fue aquel en el que el Barcelona ganó por tres a cero al Madrid en el Bernabéu. Me divertí mucho con el fútbol de los catalanes, me encanta cuando los equipos juegan bien. Puede ser, y la verdad es que lo lamento, que se me haya ido un grado de pasión en esto del fútbol. En cualquier caso, a mí me gusta el fútbol hasta el punto de que, y eso es muy grave para un bético, he disfrutado viendo jugar al Sevilla. Creo que esa es la mayor demostración de mi gusto por el fútbol como juego.
¿Cómo vive la rivalidad Sevilla-Betis?
Esa rivalidad es un ejemplo de cómo se puede ser de un equipo o de otro y convivir pacifica y cívicamente. No hay drama en esa rivalidad. Sevilla debiera ser objeto de un estudio sociológico para demostrar, como decía antes, que la pasión y la educación no son términos antagónicos. Son perfectamente compatibles. En Sevilla se vive y se convive con el rival, las familias más unidas están divididas por esa pasión y la naturalidad es el denominador común de esa relación. Al rival se le aprieta, pero también se le respeta.
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¿Por qué los chavales que ganan torneos en Europa se pierden en las categorías intermedias de nuestro fútbol?
El dinero bien utilizado sirve para que nos desarrollemos mucho más. En el fútbol se mueve muchísimo dinero y se puede gastar con más alegría. ¿Por qué salen jugadores de 17 y 18 años en Argentina mientras que en España hay muy pocos en la elite? Porque allí juegan y aquí no. No tiene más misterio. Nosotros compramos en Argentina y Brasil en lugar de ofrecer oportunidades a los nuestros que, además, en categorías inferiores lo ganan casi todo. Cuidado, que no tengo nada contra los jugadores extranjeros, es sólo una explicación al problema de las canteras en España. La prueba es que los equipos, en tiempos de crisis, se ajustan y tienen que echar mano de jugadores de casa que resultan magníficas inversiones. No está demostrado que gastando dinero en jugadores de fuera se consiga más calidad que fomentando la participación de los nuestros. De todas formas lo único que sé de fútbol, que quede claro, es que no entiendo nada.



