No hubo efectos colaterales

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En el deporte, todo lo que tiene que ver con la mente del atleta es determinante. Tanto o más a veces que cualquier habilidad técnica o física. La actividad mental (presión, ambición, liberación, relajación, temor...) es una de las razones que explica que difícilmente en un playoff final entre dos rivales igualados se dé una racha de tres triunfos consecutivos a favor de un equipo. En 2000, por ejemplo, el Barça ganó en el segundo encuentro de la final por 83-55 y, tres días después, el Madrid le devolvió la paliza: 87-61. Ahora, y en parte por todo lo anterior, pocos pensaban que la serie se fuera a cerrar con un rotundo 3-0. La eliminatoria sigue abierta. Los pívots del Winterthur Barcelona se fajaron como nunca y sedientos de vendetta pararon a Reyes. Los azulgrana se aferran a la gesta de la remontada y el Madrid piensa que ha gastado un cartucho, que perdió una gran ocasión de evitarse problemas, pero mantiene dos disparos para hacer diana.
Al margen del resultado, el partido no tendrá un peso psicológico añadido. No hay efectos colaterales. Los de Plaza amenazaron desplome (24-8), pero se sobrepusieron en dos cuartos brillantes. Con 55-59 metieron miedo a los de Ivanovic y a todo el Palau. Entonces Bullock se fue al banco y los blancos desaparecieron en ataque. Fin del tercer capítulo. El domingo todo volverá a empezar, en la misma tónica de máxima igualdad de los duelos precedentes, aunque esta vez por La Primera de TVE. ¡Por fin se dan cuenta de que esta final interesa! P. D.: El Palau, lamentable.



