Felipe forjó la victoria y Marko Tomas la culminó
Un aguerrido Madrid se adelanta en la final contra el Winterthur

En el día de las esposas contrariadas ("¡Baloncesto la mañana, coches por la tarde y fútbol por la noche! ¡Menudo domingo me espera!"), un guerrero de cuatro brazos llamado Felipe Hervelle abatió en sangriento combate a un dragón gigantesco y bicéfalo llamado Vázquez Navarro. En el día de la reaparición de José Tomás en la Monumental, otro Tomas, Marko, sin acento y croata, completaba en Vistalegre una faena de puerta grande, apuntillando al dragón con un triple (67-60) que hacía estallar las gargantes de trece mil espectadores, ensordeciendo Carabanchel con un huracán de decibelios.
En el día de las diferencias mínimas (nunca más de siete puntos a uno u otro lado de la balanza), la carrera quedó pendiente del esfuerzo final (58-59, min. 38). Y en esa última recta el Madrid sentenció con un 11-2. Un triple mágico de Hervelle hizo temblar las estructuras de Vistalegre. Un rebote ofensivo de Reyes y el estoconazo definitivo de Tomas culminaron la fiesta madrileña.
En el día de los pronósticos de color blaugrana el Madrid se apuntó el primer asalto de la serie, lo que en 21 de 23 finales anteriores ha tenido como consecuencia el título. Sí: elevemos el crédito blanco, no ya por la estadística, sino por el modo y los modos de esa primera victoria, amasada con iguales dosis de corazón e inteligencia. En el día de la alta tensión madridista fue el Barcelona quien empezó airoso, dominador, efectivo en los pick and roll que iniciaban Lakovic y Navarro y que culminaban Fran Vázquez o Marconato con mates implacables. La ley del más grande se adueñaba del primer cuarto (10-16, min. 8), aunque Felipe Reyes, coloso de principio a fin, frenó la escapada (18-21, min. 10). Pero fue la pizarra mágica de Plaza-Jenaro-Tabak la que solventó problemas.
Los retoques defensivos amurallaron la zona blanca, y la rotación de aleros desatascó el ataque, porque lo que no habían logrado Bullock y Smith iban a conseguirlo Marko Tomas y Álex Mumbrú, aprovechando su mayor talla para postear a Basile y Navarro.
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En el día de las estrategias cambiantes el partido fue una travesía sobre el alambre, ambos codo a codo, pasitos cortos sobre la catarata. Los triples que no había tenido en el primer cuarto le llegaron al Real en el siguiente, lo cual le permitió nivelar el marcador, parar, templar y mandar en el juego de ahí en adelante. Controlado el juego interior azulgrana (Kasun y Trías no igualaron el rendimiento de Marconato y Vázquez), la defensa madridista completó su trabajo ahogando también el juego exterior visitante, a la vez que Felipe Hervelle, guerrero de cuatro brazos, se crecía en los rebotes.
Sólo La Bomba quedaba por desactivar. De eso se encargaron Tomas y una zona sorpresiva. Devorado el Barça. Felipe lo cazó, Hervelle lo mató y Marko se lo comió. Vistalegre sueña.




