El joven Claver explota y sorprende al Real Madrid
Pamesa falló 16 triples, pero ganó con uno de Avdalovic


Un triple de Vule Avdalovic a 17 segundos del final (69-67) le dio la gloria al Pamesa y hundió al Real Madrid, condenado por sus propios actos, por sus propias decisiones.
El base serbio redimió con apenas un gesto todos los pecados anteriores del perímetro valenciano. Hasta ese instante él y sus compañeros habían fallado 16 lanzamientos triples (2/18); pero denle la vuelta al refrán y tendrán la solución: quien a hierro muere a hierro mata. De error en error llegó al triunfo final. Fue el desenlace, porque el partido tuvo miga.
El gran protagonista no se llamó Avdalovic, sino Víctor Claver, un joven valenciano de 18 años con un porvenir extraordinario y que ayer explotó, a la manera de Gasol siete años antes. Su agilidad y flexibilidad, su aspecto flacucho y esa manera de machacar el aro y encararse con el rival nos recordó al por entonces imberbe Niño de Sant Boi. Y es que mientras Rubio nos deslumbraba con su desparpajo, Claver ha aprovechado para crecer sin hacer ruido, agazapado, esperando una oportunidad. Y le llegó con la lesión de Milojevic (jornada 28).
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Claver es un alero de 2,05 metros, aunque Katsikaris le utiliza de ala-pívot para sacar partido de su tiro y movilidad. Es cierto que sufrió en defensa cuando se emparejó en alguna acción con Smith, sin embargo en ataque devolvió a la vida al Pamesa. Cuando el Madrid guardaba el choque en su puño (40-49), surgió para encadenar dos canastas más tiro adicional y ajustar el marcador: 50-52. Luego añadiría siete puntos más para acabar con 18 y desquiciar al Madrid. Eliminatoria igualada. Les habíamos avisado de que esta serie tenía trampa, que no era un simple duelo entre el segundo y el séptimo.
Y también les decíamos que el Madrid murió por sus decisiones, como la de Plaza de no volver a sacar a Felipe Reyes después de que le pitaran una técnica (minuto 11), o quizá la decisión fue de Felipe, por no parar de protestar cuando en el banquillo le pedían que se callara. El Madrid, sin Reyes, jugó bien, con buenos movimientos en ataque con Smith de referente y labor efectiva de Sekulic en los rebotes. Sin embargo, dejó de remar cuando veía la meta. Olvidó el colectivo y apostó por lo individual. Alcanzó el cénit en la última acción, con tiempo para buscar un lanzamiento y cinco tiradores en pista: Raúl se jugó un triple forzadísimo. Escenificó el naufragio final.



