El Etosa tumba al líder y amarra la permanencia
Raúl jugó un partidazo, pero el Madrid fracasó en rebote


A la quinta, nueva derrota. El Real Madrid se dejó ayer el liderato en Alicante, su cancha maldita, donde no gana desde 2001. El inopinado traspié merengue le supo a gloria al Etosa. Son las cosas de esta Liga. El equipo alicantino ha pasado de hacer el ridículo en Fuenlabrada a ponerse el disfraz de superhéroe para aniquilar al gigante blanco. Ayer, más bajito que de costumbre junto al pívot local Sundov: 2,21 m. La torre croata fue artífice del triunfo, pero no exclusivo. Larry Lewis y Lucio Angulo volaron más alto, si es posible, para asegurar otro año la permanencia del Etosa en la ACB.
Lucio saltó a la cancha con capa y le hizo un roto a su antiguo equipo. No hay peor cuña que la de la misma manera. De salida mandó a Bullock al banquillo con dos faltas y poco después puso en órbita a los locales: 16-5. El amigo Lucio se ensañó. Partidazo.
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Pero no todo fue mérito del equipo alicantino; hubo mucho de demérito madridista. Barrido en la batalla reboteadora, habitual punto fuerte que transmite la garra y ambición del equipo de Plaza. Ayer cedió por 41 a 22. Inaudito. Fue un naufragio colectivo, reflejo de la pasividad general. El base Berni se hinchó a atrapar rebotes largos ante la descoordinación visitante.
Frente a la tónica del duelo, el Madrid tuvo ramalazos toreros. Como al inicio del segundo cuarto, con un Hervelle enchufado: 24-25. Pronto recayó mientras el Etosa demarraba. La ventaja se mantuvo próxima a los diez puntos y a seis minutos del final alcanzó los 13. El Madrid lo hacía mal, pero se le veía con pegada, la que exhibió un colosal Raúl López en su mejor partido ofensivo. Con Bullock en el banco (artritis en un dedo del pie izquierdo), tiró de talento. Está bien que mire aro porque es buenísimo y, a veces, como ayer, su equipo necesita sus canastas, no sólo sus pases. Lo bordó en la penetraciones y con un triple acarició la remontada: 84-83 a 37 segundos. Los árbitros lo impidieron, así de rotundo. No tuvieron el día. La traca llegó en el último minuto con unos pasos no pitados a Quincy y una inexistente falta de Mumbrú sobre Lucio, que acabó en infantil técnica -hay que decirlo- del madridista. Fue silbato de partido.



