Al Madrid sólo le falta la ULEB en su colección
Unos 1.500 aficionados madridistas han viajado a Charleroi para animar esta tarde (19:30 h.) al Real Madrid contra el Lietuvos Rytas en la final de la Copa ULEB, el único gran título que todavía no luce en sus vitrinas.


El Madrid siempre vuelve, se leyó en la prensa del Viejo Continente cuando el Real alzó la séptima Copa de Europa de fútbol después de tres décadas de desalientos. Ahora es el baloncesto blanco quien ha pedido la vez; le toca levantar un título continental tras diez años de pertinaz sequía, la más prolongada de su historia. Desde 1997 el Madrid no gana en Europa. Fue en la Recopa, en Nicosia, Chipre, ante el Riello Verona y con Herreros, Bodiroga y Arlauckas como figuras.
Por entonces nacía el Lietuvos Rytas lituano, el rival de hoy en Charleroi (Bélgica), que en estos dos últimos lustros ha logrado lo que el Madrid no ha podido: conquistar la Copa ULEB. Se la llevó en 2005, en el Spiroudome, el mismo escenario que hoy acogerá la quinta final de esta competición, el mismo escenario donde el Madrid se dio de bruces en 2004 con el Hapoel Jerusalén del boxeador nigeriano Awojobi.
El ex 'laker' Rush.
Aquella fue la única final en el palmarés blanco de la última década. De aquel equipo sólo queda Mumbrú, aunque también jugaban Herreros y un tal Reyes, Alfonso, que ha cedido el testigo a su hermano Felipe, capitán y pieza clave del Madrid actual.
Quien gane hoy dejará huella. El Madrid, por completar sus vitrinas con el único título europeo que le falta de los que ha disputado. Y el equipo del Vilna, la capital lituana, por ser el primero en repetir éxito. El Madrid es favorito, pero este Lietuvos es más potente que el Hapoel de 2004. Defiende duro, es fuerte, sus pívots tiran de fuera, va bien al rebote y pierde poquísimos balones, el que menos de toda la competición.
La estrella rival es un ex jugador de los Lakers, que hizo historia el 31 de mayo de 2004 en una final de conferencia de la NBA al anotar los seis primeros triples que lanzó ante Minnesota. Ni Shaq ni Kobe, fue Kareem Rush quien metió al equipo de L.A. en la pelea por el título. Ojito con sus rachas: promedia 17,2 puntos y un 50% en tiros de tres. La NBA le aguarda con los brazos abiertos, quizá en su regreso le acompañe su hermano pequeño, Brandon, del que hablan maravillas.
A unos metros de la pista, se vivirá la otra batalla, la de las aficiones. Habrá cerca de 1.500 madridistas que han viajado a Bélgica a título individual y en viajes organizados por varias peñas. Todo un récord para el baloncesto merengue, que además encontrará el respaldo de su presidente, Ramón Calderón, y parte de la junta directiva.
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Ese apoyo masivo, sin embargo, no bastará para contrarrestar a la hinchada lituana, en un número cercano a los 2.000. Hará falta el empuje del público local, entregado a Axel Hervelle -natural de Lieja, a menos de 100 km de Charleroi- y que recuerda el pasado blanco de su compatriota Eric Struelens, para dar la vuelta al calcetín.
Y todo ello en el pabellón y la ciudad del cómic, donde nació el botones Spirou, los Pitufos o Lucky Luke. En la misma ciudad fortaleza creada por los españoles en 1666 con el nombre de Charleroi (rey Carlos), en honor del infante Carlos II. Tres siglos y medio más tarde el heredero al trono es el Real Madrid.



