Gurovic: un tríceps que reabre heridas
Milan Gurovic, rival del Real Madrid en cuartos de final de la Copa ULEB, protagonizó una gran polémica al tatuarse en su brazo el rostro del dirigente nacionalista Draza Mihajlovic, fusilado en 1946 por el gobierno comunista


Érase un hombre pegado a una polémica. Y una polémica pegada, más bien tatuada, en su brazo izquierdo. Allí, bajo un enorme águila y por encima de una interminable leyenda en 17 versos, figura el rostro de Draza Mihajlovic. Para nosotros, sólo un nombre y un apellido, para los yugoslavos mucho más que eso. Se trata de un dirigente nacionalista de la II Guerra Mundial que fue fusilado en 1946 por el gobierno comunista de Yugoslavia acusado de crímenes de guerra.
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Milan Gurovic se lo tatuó hace unos años y, desde entonces, su decisión no ha dejado de levantar ampollas. Según bosnios y croatas, la imagen de Mihajlovic incita al odio racial, con todo lo que eso significa en los Balcanes. El pasado año, sin ir más lejos, los directivos del Estrella Roja creyeron conveniente que Gurovic no jugara la Final Eight de la Liga Adriática que se disputaba en Sarajevo para "evitar tensiones políticas". El ex jugador de Barcelona, Unicaja y Joventut aceptó la decisión del club. Era consciente de que no sería bien recibido en Sarajevo, como tampoco lo fue por su ex equipo, el Partizán, aunque en ese caso por cuestiones meramente deportivas: nadie le perdonaba haber fichado por el eterno rival, ese Crvena Zvezda (Estrella Roja, en serbio) que es palabra prohibida para todo hincha del Partizán.
Precisamente el pasado octubre, en el derbi de Belgrado, Gurovic fue denunciado por la Policía por lanzar una botella a los hinchas del Partizán que le increpaban desde la grada. Horas después, la casa del jugador -campeón del mundo y de Europa- amanecía con pintadas en su contra. El cambio al eterno rival es igual a traición. Y en Belgrado no se perdona.



