El Madrid olvida la Copa y elimina al Alba Berlín
Llegó a perder por 12 puntos, pero acabó imponiéndose por 16


Era cuestión de tumbarse en el diván y dejar atrás todos los miedos. Volver a creer en uno mismo, que por algo se es líder de la ACB, la liga más dura de Europa. Sólo cuando eso sucedió, cuando Málaga volvió a ser Costa del Sol y no un negrísimo nubarrón, el Real Madrid pudo situarse arriba en el marcador ante el Alba Berlín. Pero tuvieron que pasar 25 minutos para que los de Joan Plaza dieran el puñetazo en la mesa. Y volvieran a jugar el baloncesto en el que sigue creyendo su afición. Cuestión de fe.
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Quiso el balón que fuera Hervelle, con un triple, quien diera la primera ventaja a los madridistas (43-40). Él fue uno de los peor parados de la Copa del Rey. Otro fue Raúl López. Y ayer, el base de Vic también cogió el toro por los cuernos y, muleta en mano, puso al Alba en suerte. Lo hizo con tres triples consecutivos que equilibraron el marcador: 28-29, 33-33 y 40-40. Atrás quedaban los nervios, el quiero y no puedo ante un Alba que llegó a dominar por doce puntos (12-24) cuando sólo se llevaban disputados 12 minutos. Miedo en el cuerpo. Archibong dominaba en la pintura y Henrik Rodl se sacaba de la manga a un joven como Nicolai Simon. Afortunadamente para Plaza, Marko Tomas reaccionó de inmediato y firmó un parcial de 5-0 que cortaba el tirón germano (17-24). El croata dejó ver todo lo gran jugador que atisbamos cuando el pasado año aterrizó en Madrid de la mano de Maljkovic. Lo llevaba haciendo en las últimas semanas y sólo una lesión le impidió llegar fresco a la Copa, en la que sin embargo reivindicó galones en la semifinal frente al Tau. Buena noticia para Plaza, también para el propio Tomas con vistas al Eurobasket que el próximo septiembre acoge España. Y buena nueva también la reacción de Charles Smith, a quien la Copa dejó medio groggy, echándose él mismo sobre sus hombros la carga de la derrota. No era justo. Como tampoco lo era zarandear un proyecto que hasta el pasado miércoles, cuando la expedición blanca viajaba al sur, tenía muy buena pinta.
El Real Madrid cerró el tercer cuarto tres puntos arriba (51-48) y de ahí al final -con un espléndido Sekulic, Smith y un aceptable 9/23 en triples - corrió cuesta abajo, con los cuartos de final en la mano y el Estrella Roja (verdugo del Khimki) allá adelante, calentando el infierno del Pionir. Lo peor ha pasado. Ni siquiera los fantasmas del Martín Carpena (donde el equipo vuelve el sábado) deben asustar a los blancos. La Copa ULEB ha sido un buen bálsamo.



