El dúo Scola-Prigioni frustra el sueño del Caja
La conexión argentina, apoyada por Rakocevic, rompió de salida


D esde que Luis Scola metió sus dos primeras canastas y apretó el puño, supimos que al Tau no se le escaparía la victoria. No abrió la mano hasta que volvió a su zona y miró a la grada, donde la charanga vitoriana estaba dale que dale. Iba por ellos, que nunca fallan. Sus dos aciertos y un triple de Rakocevic firmaron un 7-0 de arranque que era, precisamente, lo que Comas y los suyos querían evitar a toda costa. Pero no pudo ser, aunque el Caja San Fernando nunca bajó la guardia. Se mantuvo como un funambulista por la cuerda de los diez puntos. No cayó a la pista, pero tampoco probó el más difícil todavía, y el Tau se coló sin despeinarse en semifinales, donde se siente como en casa. Ni siquiera cuando el Caja se acercó a siete puntos con tres minutos y medio aún por jugar, al Tau le tembló la mano. Canasta de Peker y de nuevo jarro de agua fría para los sevillanos. Y de nuevo chunda-chunda en la grada baskonista, entregada un día más (¿y van...?) a la bendita sociedad Prigioni-Scola.
En ellos se cimentó el triunfo del Tau, que tras dos derrotas seguidas en Liga necesitaba un triunfo para reivindicarse.
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Rakocevic también tuvo gran parte de culpa. Tres triples suyos cerraron el primer cuarto (20-11). El partido seguía el guión previsto, nadie se lo saltaba. Femerling se pegaba en la pintura con Splitter y minutos después, Alexander demostraba su enorme clase, su facilidad para en el uno contra uno. Pero era ése escaso bagaje ante un Tau que incluso sumaba de cuatro en cuatro (triple de Erdogan más adicional, 28-18).
Marco suplía a Price, acertado en la anotación pero no tanto en el hacer jugar, y se aclaraba el ataque. Pero por más que se pusiera de puntillas, el Caja no salía en la foto (44-35 al descanso). Y nada cambió tras el descanso. El rebote se equilibró (22-24 a favor de los sevillanos), pero Prigioni se encontraba cada vez más cómodo y alimentaba al equipo con sus asistencias. Y así siguió al carrusel vitoriano, al que sumó Vidal y del que se apeó House, y así acabó un partido en el que lo mejor del Caja fueron sus bases. Un partido con un guión que muchos se sabían de pe a pa. Para disgusto de aquellos que querían un final sobre bocina. De los de infarto.



