El Estudiantes toma aire
Iker Iturbe volvió a jugar con el conjunto madrileño.

El Estudiantes sufrió y tuvo que esperar hasta que el estadounidense Will McDonald tomó las riendas para deshacerse del AEL Limasol chipriota en la primera jornada de la segunda fase de la Eurocopa FIBA, donde el triunfo le da un respiro ante las siete derrotas consecutivas que arrastra en la ACB.
Esas siete derrotas y el adiós a la Copa del Rey abocaban a los españoles a un partido con aspecto de oportunidad para redimirse y, sobre todo, para mantener abierto un frente donde el futuro ofrece más oportunidades que la Liga ACB.
Sin embargo, había trampa. El AEL Limasol, un equipo procedente de una de las ligas menos competitivas del continente y con pinta de víctima propiciatoria, tampoco es un cualquiera. En un mal momento y en competición europea desconfiar representa una obligación.
El conjunto chipriota dispone de dos estadounidenses, Michael King y Randy Randle, y de un tercer jugador norteamericano nacionalizado israelí, Jerone Roberts; de un serbio, Milutin Aleksic, un polaco, Michal Hlebowicki, un lituano, Zydrunas Urbonas, y el gitante holandés de 2,22 metros ex jugador del Barcelona Ramon Van de Hare.
A eso hay que añadir que el cuadro dirigido por el ex internacional letón Igor Miglinieks acumula una dilatada experiencia internacional gracias al dominio que ejerce en su competición nacional. Pertenece a la segunda clase continental y, curiosamente, los locales le miraban con recelo.
También flotaban en el ambiente la baja del estadouindense Marlon Garnett, que no pasó un control previo al choque, y la vuelta del añorado Iker Iturbe, quien si superó una prueba para ver el estado del tendón de Aquilés. O sea, muchas incógnitas y un ambiente gélido en el Telefónica Arena.
Hernán Jasen enarboló la bandera del carácter. El escolta hispano-argentino sabía que debía multiplicarse ante la ausencia de Garnett y fue de cara a por el choque. El primer cuarto, sin embargo, discurrió igualado pese al empeño del suramericano (20-18).
Los colegiales no lograron estirar mínimamente el tanteador hasta que el hispano-brasileño Caio Torres no entró en pista. Torres contribuyó a recuperar presencia en las zonas y el cuadro chipriota perdió pié, si bien de forma insignificante. El partido, más allá del resultado, ofrecía más errores, pérdidas y desatinos que otra cosa (32-30 m.20).
Lo mejor de todo, después de veinte minutos, lo ponía la reaparición de Iturbe al cabo de mes y medio de convalecencia. Un parcial de 12-12 en el segundo cuarto da una idea de lo qué experimentó el vasco sobre la cancha tras seis semanas fuera de la competición.
El varapalo encajado el domingo pasado en Málaga al firmar cuarenta puntos de diferencia también pesaba en un equipo desmoralizado, con necesidad de expiar equivocaciones. Pero el Limasol insistía siempre. El despegue aparecía (36-30 m.22) y desaparecía (36-37 m.23).
El mejor jugador del Estudiantes, el pívot estadounidense William McDonald, había permanecido en un segundo plano. Hasta que no dio un paso al frente y asumió los galones no cambió el rumbo. El Estudiantes lo agradeció, sobre todo, en confianza.
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El olor a trampa que envolvía al bloque chipriota empezaba a disiparse. El AEL puede sorprenderte en un momento de debilidad con la gente que tiene, pero es lo que es. El Estudiantes sigue tocado, no ha despejado ninguna incógnita.
Ahora, de ahí a perder contra los chipriotas, media un abismo. El impulso de McDonald orientó en la dirección correcta para salvar la papeleta al equipo de Pedro Martínez, que encontró un remanso de paz después de siete derrotas en la ACB.



