Baloncesto | Gran año del deporte español

El deporte español llegó a lo más alto en 2006

El oro en el Mundial de baloncesto llevó a España a la cumbre

<b>SALTO A LA PORTADA. </b>El baloncesto copó las páginas de AS durante todo el mes de agosto. La final contra Grecia del 3 de agosto, en la que España arrolló (70-47) mereció un tratamiento especial.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Podía haberlo inmortalizado la mirada y el pincel inmisericordes de Diego Velázquez: como en La Rendición de Breda. Pero, en el Saitama Super Arena le tocó el turno a los fotógrafos del siglo XXI, con cámaras digitales Canon Mark II: era la Rendición del Mundial de Japón a manos de España. Más que una victoria, fue un sacramento: fue la Cuarta Dimensión del deporte español en 2006, tanto como aquellos papas rojos, caballos y soldados fascinantes de Velázquez.

La Rendición del Japón resulta fascinante, por una razón sobre todas. No se trata de la originalidad o lo excepcional del éxito. El detalle sutil, hecho decisivo que erizó la piel del gran público, es que fue un triunfo sensacional... conseguido por hombres corrientes, con pensamientos y emociones individuales bien ensamblados en la conciencia de grupo. Quizá esa misma sensación fue lo que más daño causó a otros deportes algo más millonarios, bastante más disolutos, esencialmente turbulentos.

Así, la Selección campeona nos invadió como un soplo de aire fresco. Porque fue un conjunto maravilloso: aquí, todas las personas y las cosas parecen estar situadas en el lugar y momento adecuados, como las lanzas de Breda en el lienzo de Velázquez. Alonso y Nadal resultan espléndidos ejemplos de brillantez individual a la española. Podrían haber sido, el frío campeón de Fórmula 1 y el ardiente bicampeón de Roland Garros, herederos del Empecinado y el Tigre del Maestrazgo, en Asturias y en Manacor.

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