Larry y la fe acaban con un flojo Fuenlabrada
Festival de errores en un mal partido de ambos bandos

El Etosa es como las religiones más espartanas. Requieren un sufrimiento intenso y fe, mucha fe. Luego, quizá, todo eso se vea recompensado con satisfacción y felicidad en forma de victoria. ¿Y mañana? A volver a empezar y luego Dios dirá que les toca. Ayer sufrieron pero ganaron, que al final es lo que importa.
El rival ayudó, y mucho, a que los locales se impusieran en el marcador. Como un niño que sale por primera vez de casa, se mostró nervioso, y en consecuencia fallón. Sólo Brown rindió a un gran nivel. Serio y eficaz en lanzamiento, intentó llevar a su equipo hasta la victoria. Pero pocas luces encendidas había en los madrileños. Sólo han ganado un partido a domicilio y es fácil entender por qué.
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El Etosa, para fortuna suya, tuvo a Larry Lewis. Los demás, algunos y a ratos. Como Sundov, que aguantó al equipo en ataque en los primeros compases. Como Angulo, brillante en algunas fases. Vasic y Sonko, por ejemplo, estuvieron deprimidos casi todo el partido pero anotaron dos triples decisivos. El que no está, ahora por problemas físicos, es Quincy. El referentre ofensivo sigue sin aparecer. Y a pesar de eso, 25 minutos en pista.
Seguro que Fuenlabrada echó de menos mayor aportación ofensviva de sus hombres importantes. Y visto el partido, no entiende aún cómo pudo perder una renta de seis puntos en los primeros compases del último cuarto. Porque cualquiera pudo pensar ayer, en el Centro de Tecnificación, que a los dos equipos los entrenaba Capello.



