Medio siglo de derbys

Finales de los 50 y los 60: Gran tensión desde los inicios
Siempre recordaré la victoria por 60 puntos ante el Barcelona, pero eso fue ya en 1973. Antes, en los primeros años, la rivalidad era también muy grande. El Madrid ganaba con contundencia al Barcelona y después de una de esas palizas al presidente azulgrana, Enric Llaudet, se decidió a cerrar la sección en 1961. Cada vez que íbamos a Barcelona había mucha tensión, recuerdo que me tiraban cigarrillos encendidos y otras cosas. Sin embargo, reconozco que lo que peor me sentó fue el comportamiento del público en el palacio de deportes de Montjuïc en la final de la Copa de Europa de 1969. En aquel partido acabamos perdiendo después de dos prórrogas con el CSKA de Moscú. El público se volcó incondicionalmente con el campeón soviético. Todo con tal de que no ganáramos nuestra quinta Copa de Europa, que hubiera supuesto además la tercera consecutiva. Cinco años después, antes de que dejara los banquillos, repetimos triunfo.
Los setenta: Dos clases de nacionalizados
Recuerdo perfectamente las declaraciones de Héctor Blondet, cómo nos espolearon para arrasar al Barça en aquel encuentro en 1973. Nos picó y a la vista está el resultado. Vencer por 60 puntos era como hacerlo por 10-0 en un partido fútbol, por eso creo que se debió hablar más de aquel logro. Luego, en el partido de vuelta, empatamos (a 85), pero es que estábamos relajados después de la paliza anterior. Les dimos un respiro. Más allá de ese recuerdo, me gustaría recordar la polémica que provocó mi nacionalización (1965) durante los años posteriores y también la de Wayne Brabender. Se dijo de todo, pero ahora más de 40 años después tanto yo como Brabender seguimos aquí, con familia española, integrados... ¿Dónde están los nacionalizados azulgrana, Thomas, Carmichael y, después, Sibilio? El Barcelona aprovechó nuestra situación para lograr una contraprestación. El tiempo ha demostrado quiénes éramos nacionalizados de verdad y quiénes no.
Los ochenta: Tuvimos una gran popularidad
En los ochenta cambió la dinámica del baloncesto español: se pasó del dominio absoluto del Real Madrid a una gran rivalidad del Barcelona con el club blanco. Incluso en esos años ganamos más títulos (seis por cuatro). Sólo los dos equipos fuimos campeones. La Liga no se abriría a otros aspirantes hasta la siguiente década. Los encuentros entre ambos eran muy populares, con una expectación no muy lejana a la que despertaban los duelos en el fútbol. Los jugadores éramos muy conocidos en todo el país, creo que nunca las plantillas fueron tan populares como entonces. De aquella época se destacó mucho el duelo entre Audie Norris y Fernando Martín, quizá el más vistoso, pero a su manera cada uno tenía una batalla particular con su rival. Enfrente sólo tuve a Drazen Petrovic un año, pero fue el mejor, por eso resultó tan gratificante lograr el éxito en aquella Liga (88-89). Ganamos porque el Barcelona era más equipo, sin egoísmos.
Los noventa: Sabonis era inalcanzable
Llegué al Barcelona en 1990 tras una gran temporada en el Joventut. Antes de decidir mi destino sufrí meses de mucha presión, en los que se llegó incluso a anunciar en una radio mi fichaje por el Real Madrid. Cuando aterricé en el Barcelona, el club azulgrana sumaba cuatro títulos ligueros seguidos y recuerdo que en los clásicos el ambiente en la grada era muy tenso, con cánticos muy desagradables tanto en el Palacio de Deportes de Madrid como en el Palau. Cada enfrentamiento era algo durísimo, en la pista había roces y broncas continuas, aunque no se repitiesen escenas como el puñetazo de Davis a Iturriaga de la década anterior. En los primeros noventa el Barça afrontó una etapa de transición y, además, topamos con un gran Sabonis, que le dio dos Ligas al Madrid. Era inalcanzable. Recuerdo el 3-0 que nos metieron en la final de 1994. Sin embargo, nos recuperamos y el Barça ganó los tres títulos siguientes, en el último abandoné el equipo a mitad de temporada.
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El siglo XXI: De Djordjevic a Pau Gasol
Estos partidos son siempre especiales, la gente no deja de recordártelo por la calle, hay más tensión en los aficionados y casi todo el mundo sabe cuándo se juega el partido, no sólo los seguidores más fieles. Incluso ahora, que ya estoy retirado, me repiten que no podemos fallar mañana. De estos años tengo muchos recuerdos, buenos y malos, aunque de los últimos me olvido pronto. Sufrí la explosión de Pau Gasol y, aunque el Barcelona tenía un gran equipo, sin él quizá ahora el Madrid sumaría una Copa y una Liga más (la de 2001). En cuanto a las alegrías, nunca olvidaré mi primer título liguero, el que ganamos en 2000 en el Palau, en el quinto partido. Estaba lesionado y apenas jugué, pero disfruté como si hubiera metido 27 puntos por partido. Recuerdo a Djordjevic con los brazos en alto, lanzando un mensaje a alguien. También gocé muchísimo con la canasta de Pat Burke que nos dio la victoria en el último segundo en el Palau, en diciembre de 2004. Aquella fue mi última temporada y acabamos levantando el título de Liga.



