Otra batalla en la guerra de los mundos

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La guerra de los mundos baloncestística sigue abierta, ahora más que nunca. Es una pelea entre el rey, la NBA, y el resto del planeta, que pugna por arañar centímetro a centímetro la distancia que le separa de la liga norteamericana. Aún grande en casi todo, pero inexistente en otras cosas, como en el juego de equipo. Cuando la NBA se olvidó del showtime de los Lakers para abrazarse a los Bulls de Jordan, en Estados Unidos eligieron un camino: el jugador estrella por encima del grupo. Vendía más. En Europa, en cambio, ante la fuga de ases -ya no había Petrovics- se reforzó la figura del entrenador, la unión del grupo. El resultado, jugadores menos egoístas en la pista y un mayor peso del colectivo. Dos mundos opuestos.
Atrás quedaron los tiempos en los que el campeón de la NBA Syracuse Nationals (1955) venía a Europa y doblaba a sus adversarios. Ahora, medio siglo después, el Viejo Continente está a la altura. EEUU ha perdido tres grandes campeonatos de selecciones seguidos y sus clubes sufren ante los nuestros... y pierden. Juegan de otra forma, pero ya no queda claro -incluso con reglas mixtas- quién es superior a quién. Por estrellas, músculo y velocidad, la NBA; por conocimiento total del juego, la Euroliga. David Stern y los mandamases de la NBA deberían preguntarse: ¿Si contamos con los mejores, por qué quedamos en evidencia ante los otros? No pongan excusas (falta de rodaje, equipos mejorables...), sean autocríticos. Quizá se equivocaron de modelo.



